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Parashat Ha’azinu para jóvenes: ¿a quién estás escuchando?

hace 2 días
4 min de lectura
Joven apartando el ruido digital para escuchar la voz de HaShem en Parashat Ha’azinu

Abres el teléfono “solo por cinco minutos” y, sin darte cuenta, ya escuchaste a veinte personas diciéndote cómo vestir, qué comprar, qué cuerpo tener, cómo hablar y qué debes considerar exitoso. Algunas se llaman influencers, pero conviene hacer una pregunta incómoda: ¿realmente están influyendo para bien o solo llenando tu mente de ruido?


Parashat Ha’azinu comienza con una orden que parece escrita para nuestra generación: “Escuchen”. Moshé llama como testigos a los cielos y a la tierra antes de entregar a Israel un cántico para recordar la fidelidad de HaShem. En una época con miles de voces compitiendo por nuestra atención, esta parashá nos enseña que escuchar no es algo pasivo. La voz que más atiendes termina formando tu manera de pensar, desear y decidir.


Lecturas de esta : Devarim 32:1–52; II Shmuel 22:1–51; Mar’ot Elohim 20:11–21:27.


Tu atención es más valiosa de lo que crees


Las plataformas saben que tu atención tiene valor. Por eso cada video conduce al siguiente y cada tendencia intenta convencerte de que no puedes quedarte fuera. El problema no es únicamente cuánto tiempo pasas conectado, sino qué ideas entran repetidamente en tu corazón mientras bajas la pantalla.


Un mensaje repetido puede parecer verdadero aunque esté vacío. Si todos muestran lujos, comienzas a pensar que valer significa poseer. Si todos celebran la apariencia, crees que tu cuerpo es un producto. Si las burlas reciben más reacciones que la bondad, puedes confundir crueldad con personalidad. Sin darte cuenta, el algoritmo comienza a discipularte.


No toda persona popular merece autoridad


Tener seguidores no convierte a alguien en sabio. Saber llamar la atención tampoco significa saber conducir una vida. Hay creadores que aportan conocimiento, belleza, humor sano o herramientas útiles; el problema aparece cuando entregamos autoridad a alguien solamente porque es famoso, atractivo o habla con seguridad.


Antes de aceptar un consejo, mira sus frutos. ¿Esa voz te ayuda a amar la verdad, respetar a otros y vivir con responsabilidad? ¿O despierta comparación, ansiedad, vanidad, deseo desordenado y desprecio? Una influencia puede entretenerte y aun así debilitarte. Lo viral dura horas; las consecuencias de una mala dirección pueden acompañarte durante años.

No toda voz que capta tu atención merece dirigir tu corazón.

Parashat Ha’azinu: aprende a recordar quién es tu Roca


En el cántico de Ha’azinu, Moshé recuerda a Israel que HaShem es la Roca: fiel, justo y estable. También advierte que el pueblo puede olvidar a quien le dio vida cuando se siente satisfecho. Ese peligro sigue presente. Cuando la aprobación digital se vuelve nuestra fuente de identidad, comenzamos a olvidar de quién venimos y para qué vivimos.


HaShem no compite usando escándalo, presión o ansiedad. Su voz nos devuelve a la verdad, corrige sin destruir y llama a una vida con propósito. Escucharlo exige hacer silencio, estudiar la Torá, orar con sinceridad y obedecer incluso cuando lo correcto no es popular. La voz de HaShem no siempre alimenta tu ego, pero sí fortalece tu alma.


Yeshúa enseñó a reconocer una voz confiable


En Yohanan 10:27, el Código Real presenta a Yeshúa diciendo:


“Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco y ellas me siguen”.


La evidencia de haber escuchado no es repetir una frase bonita, sino seguir el camino señalado. Escuchar a Yeshúa debe conducirnos a amar a HaShem, practicar justicia, servir y cuidar al prójimo.


Eso contrasta con la cultura del contenido rápido. Un video puede emocionarte durante treinta segundos y no transformar ninguna decisión. La enseñanza de Yeshúa no fue creada para coleccionar “me gusta”, sino para formar discípulos. Si una voz te vuelve más orgulloso, superficial o indiferente al dolor ajeno, no está produciendo los frutos del Maestro.


Haz una auditoría de tus influencias


Revisa las diez cuentas que más consumes. No preguntes solo si te gustan; pregúntate en qué te están convirtiendo. Después de verlas, ¿quedas inspirado para crecer o sintiendo que nunca eres suficiente? ¿Aprendes algo verdadero o solo deseas comprar? ¿Te acercan a la disciplina y al propósito o normalizan conductas que apagan tu conciencia?


Puedes dejar de seguir, silenciar o limitar cuentas sin convertir a nadie en enemigo. Poner límites a lo que consumes no es debilidad; es mayordomía de tu mente. También puedes llenar ese espacio con enseñanzas de Torá, conversaciones familiares, lecturas, música edificante y personas reales que te conocen lo suficiente para corregirte con amor.


Tres filtros antes de creer o compartir


  • Primero, verdad: ¿puedo verificar esto o lo comparto porque confirma lo que deseo?

  • Segundo, fruto: ¿qué actitud produce en mí?

  • Tercero, propósito: ¿me acerca a la persona que HaShem me llama a ser? Estos filtros pueden evitar que una mentira atractiva encuentre casa en tu corazón.


También recuerda que tú influyes. Cada comentario, historia y publicación puede añadir ruido o aportar luz. No necesitas miles de seguidores para ejercer influencia. Tu manera de hablar en el grupo, defender a quien es burlado, reconocer un error o rechazar una moda dañina ya está comunicando qué voz gobierna tu vida.


Baja el volumen para escuchar mejor


Esta semana elige una hora diaria sin redes. Usa parte de ese tiempo para leer Devarim 32, hablar con HaShem y escribir qué voces han estado influyendo en tus decisiones. Luego toma una acción concreta: silencia una cuenta vacía, busca consejo de una persona madura o sustituye contenido que te debilita por algo que edifique.


Ha’azinu no te pide vivir desconectado del mundo; te invita a vivir conectado con la fuente correcta. Puedes usar tecnología sin entregarle tu identidad y disfrutar contenido sin convertirlo en tu maestro. La pregunta no es si alguien influye en ti, sino quién y hacia dónde te está conduciendo.


Hoy, antes de volver a deslizar la pantalla, detente. Escucha la voz de HaShem por encima del ruido, recuerda a tu Roca y sigue a Yeshúa con decisiones visibles. Comparte esta reflexión con otro joven y pregúntense juntos: ¿qué voz necesita perder volumen en nuestra vida?

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