¿Rosh Hashaná o Yom Teruá? Lo que ordena la Torá y lo que añadió la tradición
- AniAMI

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Cada año, al acercarse el primer día del séptimo mes bíblico, surge una pregunta que parece sencilla, pero toca el corazón de nuestra manera de leer las Escrituras:
¿Debemos llamarlo Rosh Hashaná o Yom Teruá?
Para muchos, ambos nombres son intercambiables. Sin embargo, cuando abrimos la Torá descubrimos que uno pertenece al mandamiento escrito y el otro expresa un desarrollo histórico posterior. Comprender la diferencia no exige despreciar la tradición, sino aprender a distinguir entre lo que HaShem ordenó y lo que las generaciones añadieron para interpretar y celebrar ese día.
Este artículo responde, desde una perspectiva Netzarita y respetuosa, qué es Yom Teruá, qué significa Rosh Hashaná, qué ordena realmente la Torá y cómo podemos vivir esta convocación con fidelidad, teshuvá y expectativa.
La respuesta breve: ¿Rosh Hashaná o Yom Teruá?
La Torá llama a esta fecha un día de Teruá y la sitúa en el primer día del séptimo mes. Vayikrá (Levítico) 23:23–25 la presenta como un Shabatón, una santa convocación y un memorial de Teruá; Bamidbar (Números) 29:1 la denomina expresamente “Yom Teruá”, día de teruá. En ninguno de estos pasajes aparece el nombre Rosh Hashaná como título de la festividad.
Rosh Hashaná, literalmente “cabeza del año”, es el nombre que la tradición judía consolidó para el comienzo del año civil en el mes de Tishrí. Por eso no estamos necesariamente ante dos fiestas diferentes, sino ante dos marcos para una misma fecha: Yom Teruá describe la convocación ordenada en la Torá; Rosh Hashaná refleja una interpretación calendárica y litúrgica desarrollada posteriormente.
La diferencia esencial es esta: Yom Teruá es la designación bíblica del día; Rosh Hashaná es su denominación tradicional como comienzo del año civil.
¿Qué ordena la Torá en Yom Teruá?
La base principal está en Vayikrá (Levítico) 23:23–25. HaShem ordena que el primer día del séptimo mes sea un día de reposo, una santa convocación y un zikhrón teruá, una memoria o conmemoración de teruá. También prohíbe el trabajo servil y manda presentar una ofrenda encendida. Bamidbar (Números) 29:1–6 añade los sacrificios correspondientes.
El texto bíblico deja claras cuatro acciones comunitarias: apartar el día, reunirse en santa convocación, abstenerse del trabajo ordinario y atender al llamado de la teruá. La Torá no ordena celebrar allí el “año nuevo”, comer manzana con miel, realizar tashlij ni recitar una liturgia específica de coronación. Esas costumbres pueden tener valor simbólico, pero pertenecen a la tradición y no deben presentarse como si fueran mandamientos explícitos de la Torá.
¿Teruá significa necesariamente tocar el shofar?
Teruá puede aludir a un clamor, una señal sonora o un toque de alarma. En otros contextos bíblicos aparece relacionada con trompetas y con el shofar, por lo que la práctica de tocar el shofar en este día tiene una conexión bíblica sólida y antiquísima. Aun así, conviene hablar con precisión: Vayikrá 23 y Bamidbar 29 dicen teruá, pero no especifican en esos versículos el instrumento.
La tradición identifica la teruá con el sonido del shofar y organiza distintos toques. Esa interpretación no contradice necesariamente la Torá; puede ayudarnos a obedecer y dar forma comunitaria al mandamiento. El problema aparece solamente cuando una explicación humana se coloca al mismo nivel que la palabra revelada o cuando se olvida el propósito espiritual del sonido.
Si es el séptimo mes, ¿cómo llegó a ser “cabeza del año”?
Shemot (Éxodo) 12:2 establece que el mes de Aviv, conocido después como Nisán, es el primero de los meses. Por eso Tishrí no es el primer mes del calendario religioso de la Torá, sino el séptimo. Esta observación conduce a una pregunta legítima: ¿cómo puede llamarse Rosh Hashaná al primer día del séptimo mes?
La respuesta está en que el judaísmo terminó reconociendo más de un comienzo de año para propósitos diferentes. La Mishná, en Rosh Hashaná 1:1, habla de cuatro “años nuevos” y atribuye al primero de Tishrí funciones relacionadas con el cómputo de los años, los ciclos sabáticos y jubilares, y ciertos asuntos agrícolas. Se trata de una organización calendárica y jurídica, no de una modificación del orden de los meses establecido en Shemot.
La expresión rosh hashaná también aparece en Yejezkel (Ezequiel) 40:1, pero allí funciona dentro de una referencia temporal y no constituye una orden de renombrar Yom Teruá. La denominación de la festividad se consolidó en el judaísmo rabínico y llegó a dominar el lenguaje popular.
Lo que añadió la tradición judía
Con el paso de los siglos, Rosh Hashaná fue rodeado de una rica liturgia: el énfasis en la realeza de HaShem, el juicio, la memoria, el libro de la vida, las bendiciones para un año dulce, las manzanas con miel y otras costumbres comunitarias. Algunas de estas prácticas pueden dirigir el corazón hacia gratitud, arrepentimiento y esperanza. No necesitamos rechazarlas automáticamente; sí debemos nombrarlas honestamente.
Una tradición sana sirve a la obediencia, conserva la memoria del pueblo y ayuda a transmitir la fe. Una tradición se vuelve problemática cuando oscurece el mandamiento, se presenta como revelación directa o condena a quienes distinguen entre el texto bíblico y la costumbre. La meta no es construir una guerra entre Torá y tradición, sino ordenar correctamente las autoridades.
Qué sabemos, qué no sabemos y qué podemos inferir
Sabemos que la Torá aparta el primer día del séptimo mes como Yom Teruá. Sabemos que manda reposo, convocación y teruá. Sabemos también que, siglos después, la tradición rabínica describió el primero de Tishrí como uno de varios comienzos de año.
No sabemos, a partir de los pasajes de la Torá, qué forma exacta tuvo la teruá en cada comunidad antigua ni todos los significados que sus primeros oyentes asociaron con ella. Tampoco podemos afirmar que cada costumbre posterior haya sido ordenada directamente por HaShem.
Podemos inferir prudentemente que el sonido funciona como una interrupción sagrada: despierta, convoca y anuncia. En la Escritura, las señales sonoras pueden reunir al pueblo, advertir de peligro, acompañar la proclamación de un rey o marcar un momento decisivo. Por eso Yom Teruá invita a dejar la distracción y escuchar.
Yom Teruá, teshuvá y expectativa Netzarita
El llamado de la teruá resulta especialmente poderoso cuando conduce a la teshuvá: volver a HaShem con sinceridad, reparar el daño causado, pedir perdón, abandonar la doble vida y renovar la obediencia. No se trata de una emoción pasajera provocada por un sonido, sino de una respuesta concreta.
Para quienes reconocemos a Yeshua HaMashíaj, toda expectativa futura debe producir fidelidad presente. Los escritos de los Shaliajim emplean imágenes de trompeta al hablar de acontecimientos mesiánicos, pero debemos evitar convertir Yom Teruá en una fórmula para fijar fechas. Yeshua enseñó vigilancia y preparación, no calendarios especulativos. La pregunta más importante no es si podemos adivinar el día, sino si el Rey nos encontrará caminando en justicia, misericordia y verdad.
¿Cómo celebrar Yom Teruá con fidelidad?
Podemos comenzar leyendo en comunidad Vayikrá 23:23–25 y Bamidbar 29:1–6, dedicando tiempo a la tefilá, escuchando el shofar donde sea posible y examinando con honestidad nuestra conducta. También podemos practicar tzedaká, reconciliarnos con quienes hemos herido y preparar el corazón para los días solemnes que conducen a Yom Kipur.
Si una familia decide compartir manzana con miel o expresar deseos de un año bueno, puede hacerlo con gratitud, siempre que distinga la costumbre del mandamiento. Si otra comunidad prefiere llamar al día exclusivamente Yom Teruá para conservar el vocabulario de la Torá, tampoco debería ser despreciada. La unidad no requiere confundir categorías; requiere humildad, verdad y amor.
Entonces, ¿cómo debemos llamarlo?
Cuando enseñamos qué ordena la Torá, Yom Teruá es el nombre más preciso. Cuando explicamos la historia y la práctica del pueblo judío, Rosh Hashaná es una denominación legítima y ampliamente comprendida. Podemos usar ambos términos si explicamos su origen y no permitimos que la tradición borre el mandamiento.
Tal vez la pregunta final no sea solamente “¿Rosh Hashaná o Yom Teruá?”, sino esta: cuando suene la teruá, ¿estaremos verdaderamente escuchando? Podemos conocer el nombre correcto, dominar la historia del calendario y repetir todas las fórmulas apropiadas, pero si el corazón permanece indiferente habremos perdido el centro del día.
La Teruá no fue dada para alimentar una discusión de nombres, sino para despertar un pueblo.
Preguntas frecuentes
¿Yom Teruá y Rosh Hashaná son la misma fecha?
Sí. Ambos se observan al comenzar el mes de Tishrí. La diferencia está en el enfoque: Yom Teruá es la designación bíblica del día; Rosh Hashaná es la denominación tradicional vinculada al año nuevo civil judío.
¿La Torá llama Año Nuevo a Yom Teruá?
No. La Torá lo sitúa en el primer día del séptimo mes y lo llama día de teruá. El concepto de Rosh Hashaná como comienzo del año civil pertenece al desarrollo posterior del calendario judío.
¿Es bíblico tocar el shofar en Yom Teruá?
La asociación es bíblicamente coherente porque teruá aparece vinculada en otros pasajes con señales de trompeta y shofar. Sin embargo, los mandamientos específicos de Vayikrá 23 y Bamidbar 29 no nombran el instrumento.
Fuentes para seguir estudiando
Torá: Vayikrá (Levítico) 23:23–25; Bamidbar (Números) 29:1–6; Shemot (Éxodo) 12:2. Tradición histórica: Mishná Rosh Hashaná 1:1. Contexto adicional: Yejezkel (Ezequiel) 40:1.
Lecturas relacionadas en AniAMI: “El mes de Elul y el Trono de Di-s”, “Elul, un mes muy especial” y “Sidur de Selijot y su relación con Yeshua”.
Que este Yom Teruá no sea solamente una fecha en el calendario, sino una convocación real: escuchar, volver y responder. La pregunta queda abierta para cada uno de nosotros: si la teruá sonara hoy delante de nuestra conciencia, ¿qué aspecto de nuestra vida tendría que volver primero a HaShem?




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