Sionismo y Evangelio: amar a Israel con los ojos abiertos

Por Rab Dan Ben Avraham
Tres afirmaciones que no son la misma
Quiero comenzar con una pregunta, y le pido al lector que no la conteste rápido: cuando un cristiano dice hoy que el sionismo contradice el Evangelio, ¿qué está rechazando exactamente?
Puede estar rechazando tres cosas muy distintas.
1. Una escatología. Es decir, una manera de leer el fin de los tiempos; por ejemplo, el dispensacionalismo de John Nelson Darby y de la Biblia de Referencia Scofield.
2. Un gobierno. Las decisiones concretas de un primer ministro, de un gabinete o de un ejército en una guerra concreta.
3. Un derecho. El derecho del pueblo judío a existir como nación y a gobernarse en su tierra histórica.
Estas tres afirmaciones no son equivalentes. Se puede discutir la primera, se puede criticar la segunda y, aun así, afirmar la tercera. Yo mismo lo hago: no soy dispensacionalista, y tampoco aplaudo todo lo que decide un gobierno en Jerusalén. Pero el derecho de mi pueblo a vivir en su tierra no lo negocio.
Conviene que el lector sepa desde dónde escribo. Escribo como judío que cree en Yeshua (Jesús), el Mesías de Israel. No escribo desde la Iglesia ni desde una teología cristiana, sino desde dentro del pueblo del pacto, con la Torá, los profetas y los escritos de los primeros discípulos judíos de Yeshua en la mano. Este debate se libra hoy en el mundo cristiano, pero lo que está en juego es la identidad de mi pueblo.
En los últimos meses ha cobrado fuerza, sobre todo en Estados Unidos, una corriente que se presenta como cristiana y que ataca el sionismo en nombre del Evangelio. Su método consiste en saltar de una de estas afirmaciones a otra como si fueran la misma. Empieza criticando a Scofield, sigue con Netanyahu y termina negando que los judíos de hoy sean Israel. Lo que comienza como un debate sobre profecía termina en la vieja teología del desprecio que la cristiandad tardó diecinueve siglos en empezar a abandonar.
Pero hay un segundo error, simétrico al primero, que también quiero corregir en estas páginas: el de quienes creen que apoyar a Israel obliga a callar cualquier crítica a su gobierno. Ese error le ha dado munición al otro bando. Los dos, en el fondo, cometen la misma falta: confunden a la nación con su gobierno de turno.
En este ensayo quiero separar esos tres hilos, uno por uno, con la Escritura abierta. Primero, mostraré que la propia Biblia distingue entre la nación y quienes la gobiernan. Después, que la esperanza de Sion es mucho más antigua que cualquier
escatología cristiana. Luego examinaré los textos que con más frecuencia se usan para negar la identidad de Israel, y el texto profético que responde a la acusación moral más grave. Finalmente, responderé a las siete objeciones que más circulan y miraré de frente al movimiento que hoy las difunde.
I. La nación no es su gobierno
La crisis actual tiene dos culpables, no uno. Por un lado está el movimiento que ataca el sionismo en nombre del Evangelio. Por otro, durante décadas se enseñó en muchos púlpitos evangélicos que «bendecir a Israel» significaba aprobar cualquier decisión de cualquier gobierno israelí. Cuando un joven de esas congregaciones ve imágenes de Gaza y le dicen que no puede ni preguntar, no deja de preguntar: se va con quien sí le deja hacerlo.
Por eso quiero dejar establecido un principio antes de entrar en los textos: la nación es una cosa; el gobierno de turno es otra. Y no es una distinción moderna. La Escritura misma nos enseña a hacerla.
Los profetas amaban a Israel y confrontaban a sus reyes
Ningún profeta dudó nunca de que Israel fuera el pueblo del pacto. Y ninguno confundió eso con aplaudir al rey.
Natan entró en el palacio de David y le dijo: «¡Tú eres ese hombre!» (2 Samuel 12:7). El profeta no negó el trono de David ni la promesa que pesaba sobre su casa; negó que David estuviera por encima de la Torá.
Eliyahu (Elías) se enfrentó a Ajab no solo por los profetas de Baal en el Carmelo, sino por una viña (1 Reyes 18 y 21). Defendió la tierra de Navot contra el abuso del propio rey de Israel. El profeta del fuego fue también el defensor del pequeño propietario.
Yirmeyahu (Jeremías) bajó a la casa del rey de Judá con un mensaje que hoy sonaría escandaloso en ciertos ambientes: «Haced juicio y justicia… no engañéis ni robéis al extranjero, ni al huérfano, ni a la viuda» (Jeremías 22:3).
Y Amós formuló el principio con una claridad que no deja escapatoria: «A vosotros solamente he conocido de todas las familias de la tierra; por tanto, os castigaré por todas vuestras maldades» (Amós 3:2). La elección aumenta la responsabilidad; no la anula.
Yeshua mismo vivió esta tensión. Según el relato de Hillel (Lucas), lloró sobre Jerusalén (19:41); y según el de Matai (Mateo), confrontó con dureza a sus líderes (capítulo 23). Ese llanto y esa confrontación no se contradicen: salen del mismo amor.
Israel mismo practica este principio
Israel es una democracia ruidosa. En 2023, cientos de miles de israelíes salieron a la calle semana tras semana contra la reforma judicial de su propio gobierno. Esos manifestantes no eran antisionistas: muchos eran reservistas que, después del 7 de octubre, se presentaron a servir sin dudarlo. Si un israelí puede criticar a su primer ministro y seguir siendo sionista, un amigo de Israel en Madrid, en Ciudad de México o en Miami también puede.
En esto pensad
Cuando alguien le presente una crítica a Israel, le propongo hacerse estas tres preguntas:
1. ¿Critica una decisión o niega una existencia? Criticar una operación militar es política. Negar que los judíos tengan derecho a un Estado es otra cosa.
2. ¿Aplica a Israel la misma vara que a cualquier otra nación? Si solo a Israel se le niega el derecho a existir por los pecados de su gobierno, el problema no es el gobierno.
3. ¿Termina hablando de los judíos en general? Cuando la crítica a un gabinete acaba en «los judíos quieren…» o «los judíos mataron…», ya no es crítica política.
Con estas tres preguntas en la mano, entremos en la historia y en los textos.
II. Una esperanza de dos mil años
La acusación de este nuevo movimiento es, antes que nada, cronológica: el sionismo sería un invento moderno, fabricado por políticos judíos en el siglo XIX y vendido a los evangélicos a través de las notas de la Biblia Scofield. Si eso fuera cierto, bastaría con desmontar a Scofield para desmontar el sionismo.
Pero el sionismo no nació en Oxford ni en las notas de una Biblia de referencia. Nació en la boca de mi pueblo, tres veces al día, durante dos mil años de oración.
La Amidá junto al Programa de Basilea
Pongamos dos textos uno al lado del otro.
El primero es la Amidá, la oración central de la liturgia judía, que todo judío observante reza de pie, mirando hacia Jerusalén. Su bendición décima pide el retorno de los exiliados:
«Toca el gran shofar por nuestra libertad… y reúnenos juntos desde los cuatro confines de la tierra».
Y la decimocuarta pide la reconstrucción de la ciudad:
«Y a Jerusalén, tu ciudad, vuelve con misericordia, y habita en ella como dijiste; reconstrúyela pronto, en nuestros días, como edificio eterno… Bendito eres Tú, Adonai, que edificas Jerusalén».
El segundo texto es el Programa de Basilea, aprobado por el Primer Congreso Sionista en agosto de 1897:
«El sionismo aspira a crear para el pueblo judío un hogar en Palestina asegurado por el derecho público».
Theodor Herzl no inventó la esperanza. Le dio forma política a una esperanza que ya tenía liturgia, poesía, leyes y mártires. Lo nuevo en Basilea no fue el deseo de volver; fue el método: diplomacia, derecho internacional y organización.
Pregúntese el lector: si un judío en Bagdad, en el año 900, rezaba tres veces al día por volver a Jerusalén, ¿era eso un invento de Scofield? Esa sola pregunta desarma la tesis cronológica.
Antes de Herzl, antes de Scofield
Las fechas hablan por sí solas.
Cronología: antes de Herzl, antes de Scofield
Siglo VI a. e. c. — Salmo 137: «Si me olvidare de ti, oh Jerusalén…». El exilio ya se vivía como una anomalía que debía terminar.
Fines del siglo I e. c. — La Amidá queda fijada en Yavne, tras la destrucción del Templo. La esperanza del retorno entra en la oración diaria.
c. 1140 — Yehudá HaLeví escribe «Mi corazón está en Oriente» y parte hacia la Tierra. El retorno como acto personal, no solo como oración.
1267 — Najmánides (Rambán) llega a Jerusalén y restablece una sinagoga. Habitar la Tierra como mandamiento.
Siglo XVII — Puritanos ingleses y de Nueva Inglaterra escriben sobre la restauración de los judíos. El apoyo cristiano es anterior a Darby.
1830–1840 — Darby formula el dispensacionalismo; Lord Shaftesbury promueve en Londres el retorno judío. Restauracionismo cristiano y dispensacionalismo no son lo mismo.
1862 — El rabino Tzvi Hirsch Kalischer publica Derishat Tzión. Sionismo religioso judío antes del político.
1882 — Primera Aliá y movimiento Jovevei Tzión. Colonias agrícolas judías, quince años antes de Basilea.
1896–1897 — El Estado judío de Herzl; Congreso de Basilea. La esperanza recibe forma política.
1909 — Primera edición de la Biblia de Referencia Scofield. Llega después de todo lo anterior.
La conclusión es sencilla. Si mañana desapareciera el dispensacionalismo, la esperanza judía de Sion seguiría intacta, porque no depende de ninguna escatología cristiana. Quien ataca a Scofield ataca, como mucho, una manera cristiana de leer la profecía. No toca el fundamento. Y el fundamento está escrito en los profetas: «Yo os tomaré de las naciones, y os recogeré de todas las tierras, y os traeré a vuestro país» (Ezequiel 36:24).
III. ¿Quién es judío? Romanos 2 a la luz de Romanos 3 y 11
El texto favorito de este movimiento es Romanos 2:28–29: «No es judío el que lo es exteriormente… sino que es judío el que lo es en lo interior, y la circuncisión es la del corazón». De ahí concluyen que el judío de carne ya no cuenta y que el «verdadero judío» es el cristiano.
Leamos el texto como lo leería un judío del siglo I, que es exactamente lo que era su autor.
La circuncisión del corazón es Torá, no anti-Torá
Shaul (Pablo) no inventó esa expresión. La tomó de Moshe (Moisés) y de los profetas:
• «Circuncidad, pues, el prepucio de vuestro corazón» (Deuteronomio 10:16).
• «Y circuncidará Adonai tu Dios tu corazón y el corazón de tu descendencia» (Deuteronomio 30:6).
• «Circuncidaos a Adonai, y quitad el prepucio de vuestro corazón, varones de Judá» (Jeremías 4:4).
Cuando Moshe y Yirmeyahu exigían un corazón circuncidado, se lo exigían a Israel. Nunca concluyeron que, por no tenerlo, Israel dejaba de ser Israel. Shaul hace lo mismo que ellos: llama a su pueblo a la fidelidad interior, como hicieron todos los profetas antes que él. Es una exhortación dentro de la familia, no un acta de expulsión.
Lean el versículo siguiente
El capítulo 2 termina, pero el argumento no. Lo primero que escribe Shaul a continuación es esto:
«¿Qué ventaja tiene, pues, el judío? ¿O de qué aprovecha la circuncisión? Mucho, en todas maneras.
Primero, ciertamente, que les ha sido confiada la palabra de Dios» (Romanos 3:1–2).
Shaul se adelanta a la conclusión que hoy sacan sus lectores apresurados, y la rechaza expresamente. Quien cita Romanos 2:29 y no lee Romanos 3:1 está cortando el argumento a la mitad, y haciéndole decir a Shaul justo lo contrario de lo que dijo.
Romanos 9 a 11: Shaul habla de su pueblo en presente
Si el lector quiere saber qué pensaba Shaul de los judíos que no habían aceptado a Yeshua, no tiene que adivinarlo. Le dedicó tres capítulos enteros.
• Romanos 9:4–5. «Que son israelitas, de los cuales son la adopción, la gloria, el pacto, la promulgación de la ley, el culto y las promesas». Son, en presente, aunque muchos de ellos no creían en Yeshua.
• Romanos 11:1. «¿Ha desechado Dios a su pueblo? En ninguna manera. Porque también yo soy israelita, de la descendencia de Abraham, de la tribu de Benjamín». Shaul se identifica por su tribu, no solo por su fe.
• Romanos 11:18. Al gentil injertado: «No te jactes contra las ramas… no sustentas tú a la raíz, sino la raíz a ti».
• Romanos 11:28–29. «En cuanto al evangelio, son enemigos por causa de vosotros; pero en cuanto a la elección, son amados por causa de los padres. Porque irrevocables son los dones y el llamamiento de Dios».
Este último texto es decisivo. Shaul habla precisamente de los judíos que no creen en Yeshua, y dice de ellos dos cosas: que siguen siendo amados y que su llamamiento es irrevocable. Cualquier teología que afirme que «cualquiera que cree en Jesús es más auténtico hijo de Abraham que cualquier judío que no cree» choca de frente con esta frase.
Un mismo autor, en una misma carta, no puede estar diciendo que Israel ya no existe y, nueve capítulos después, presentarse orgulloso como benjamita. ¿Cómo puede usarse Romanos 2 para borrar la identidad que el propio Shaul invoca en Romanos 11?
Una advertencia a mis hermanos de las naciones
Romanos 11:18 no está dirigido a los judíos. Está dirigido a los gentiles que han sido injertados en el olivo de Israel. La arrogancia contra las ramas naturales es, según Shaul, el pecado específico del gentil injertado. Y ese pecado tiene hoy nombre, rostro y micrófono. Lo escuchamos en podcasts y en redes sociales, presentado como fidelidad al Evangelio, cuando en realidad es exactamente aquello contra lo que Shaul advirtió.
IV. La elección obliga a la justicia: Ezequiel 47
La acusación más grave de este movimiento no es teológica, sino moral. Para el sionista, dicen, la elección de Israel autoriza a matar a los demás; y quien dona o apoya financieramente a instituciones en Israel estaría aportando a un «fondo de genocidio».
A esa acusación no quiero responder con un discurso político. Quiero responder con el mismo texto profético que reparte la tierra.
El texto
Yejezkel (Ezequiel) ve el Israel restaurado y distribuye la tierra entre las doce tribus. Y en medio de esa distribución escribe:
«Repartiréis, pues, esta tierra entre vosotros según las tribus de Israel. Y la echaréis en suertes por heredad para vosotros, y para los extranjeros que moran entre vosotros, que entre vosotros han engendrado hijos; y los tendréis como naturales entre los hijos de Israel; echarán suertes con vosotros para tener heredad entre las tribus de Israel. En la tribu en que morare el extranjero, allí le daréis su heredad, dice Adonai el Eterno» (Ezequiel 47:21–23).
Observemos tres cosas.
1. La restauración de Israel en su tierra es real. Las tribus reciben sus porciones. El texto no espiritualiza la tierra ni la convierte en símbolo; habla de fronteras, de suertes y de heredades.
2. El extranjero arraigado recibe herencia. No tolerancia, no un permiso de residencia: najalá, heredad, la misma palabra que se usa para las tribus de Israel.
3. La condición es el arraigo. «Que entre vosotros han engendrado hijos»: familias que viven, trabajan y crían a sus hijos en la tierra.
En la visión profética del Israel restaurado no hay lugar para la idea de que la elección autoriza a despojar al extranjero. Ocurre exactamente lo contrario: el mismo texto que devuelve la tierra a Israel le da al extranjero un lugar en ella.
La Torá ya lo había establecido
Yejezkel no innova. Desarrolla un principio que estaba en la Torá desde el Sinaí:
• «Como a un natural de vosotros tendréis al extranjero que more entre vosotros, y lo amarás como a ti mismo; porque extranjeros fuisteis en la tierra de Egipto» (Levítico 19:34).
• «La misma ley será para el natural, y para el extranjero que habitare entre vosotros» (Éxodo 12:49).
• Israel fue elegido para ser «luz de las naciones» (Isaías 42:6; 49:6), no verdugo de las naciones.
Dos convicciones sin contradicción
Desde esta lectura, un discípulo de Yeshua puede sostener al mismo tiempo dos convicciones que algunos quieren presentar como incompatibles:
• La vida nacional judía en la Tierra de Israel es legítima, está anunciada por los profetas y tiene derecho a defenderse.
• Una familia árabe palestina que lleva generaciones en esa tierra tiene derecho a un hogar, a seguridad y a un futuro, y su vida vale lo mismo ante el Creador.
La elección no autoriza a matar. La elección obliga a ser justos. Si algún israelí, gobernante o soldado viola ese principio, la crítica no viene primero de un comentarista estadounidense: viene de Yejezkel, de Moshe y de Amós. Pero la violación de un principio por algunos no anula el derecho de un pueblo entero a existir. Esa es la frontera que este movimiento cruza una y otra vez.
Le propongo al lector un ejercicio sencillo: lea en voz alta Ezequiel 47:22 y pregúntese con honestidad si ese es el texto de una ideología que autoriza a matar al extranjero. Nadie que lea a Yejezkel sin prejuicios puede sostener esa acusación contra la esperanza profética de Israel.
V. Siete objeciones y sus respuestas
Estas son las siete objeciones que más circulan hoy en este movimiento. Para cada una presento la objeción en su forma más fuerte, la respuesta y el texto que la sostiene. Un buen maestro no responde a la caricatura del adversario, sino a su mejor argumento.
1. «El sionismo cristiano es un invento de Darby y Scofield»
La objeción. El apoyo evangélico a Israel nace de una teología del siglo XIX, el dispensacionalismo, que la Iglesia histórica nunca enseñó.
La respuesta. Hay que conceder una parte: el dispensacionalismo es reciente, y yo tampoco lo sostengo. Pero el argumento confunde dos cosas. La esperanza judía de Sion tiene dos mil años de liturgia, como vimos. Y el restauracionismo cristiano, la convicción de que Dios devolvería a los judíos a su tierra, aparece entre puritanos del siglo XVII, mucho antes de Darby. Derribar a Scofield no derriba a Yejezkel.
Texto clave: «Yo os tomaré de las naciones, y os recogeré de todas las tierras, y os traeré a vuestro país» (Ezequiel 36:24).
2. «La promesa es para la simiente, que es el Mesías, no para los judíos»
La objeción. Según Gálatas 3:16 y 3:29, la simiente de Abraham es el Mesías, y los que son del Mesías son herederos. Por tanto, la Iglesia hereda las promesas y los judíos que no creen quedan fuera.
La respuesta. Gálatas 3 explica cómo los gentiles entran en la familia de Abraham; no dice que Israel salga de ella. Incorporar no es reemplazar. El mismo Shaul, al final de esa carta, bendice al «Israel de Dios» (Gálatas 6:16). Y en Romanos 11:29 deja establecido que el llamamiento de Israel es irrevocable.
Texto clave: mientras existan el sol y la luna, «tampoco la descendencia de Israel faltará para no ser nación delante de mí eternamente» (Jeremías 31:35–36).
3. «No es judío el que lo es exteriormente»
La objeción. Romanos 2:28–29 define al verdadero judío por el corazón, no por la carne.
La respuesta. La circuncisión del corazón es una exigencia de la Torá a Israel (Deuteronomio 10:16; 30:6), no un argumento para excluirlo. Y Shaul responde a esta misma conclusión errónea en el versículo siguiente: «¿Qué ventaja tiene, pues, el judío? Mucho, en todas maneras» (Romanos 3:1–2).
4. «El judaísmo rabínico es otra religión; los judíos de hoy no son el Israel bíblico»
La objeción. El judaísmo actual sería una fe completamente distinta de la que se ve en el Tanaj (Antiguo Testamento).
La respuesta. Aquí hablo con libertad, porque yo mismo he escrito críticamente sobre la tradición rabínica y sus pretensiones de autoridad. Pero una cosa es discutir una teología y otra muy distinta es borrar a un pueblo. La elección de Israel nunca dependió de la pureza de su teología: Israel adoró el becerro de oro y siguió siendo Israel; Ajab sirvió a Baal y su reino seguía siendo Israel. La elección descansa en la fidelidad de Dios, no en la nuestra.
Texto clave: «En cuanto a la elección, son amados por causa de los padres» (Romanos 11:28). Shaul lo dice de los judíos que no creen.
5. «Los judíos mataron a Jesús»
La objeción. Aunque técnicamente fueron los romanos quienes crucificaron, la Escritura culparía a los judíos.
La respuesta. Esta acusación tiene diecinueve siglos de sangre detrás: pogromos de Semana Santa, expulsiones, la Inquisición. Y escrituralmente no se sostiene:
• Yeshua entrega su vida; nadie se la quita, como recoge Yojanán (Juan) en 10:18. • La crucifixión era un castigo romano, ordenado por un gobernador romano.
• Los que lo siguieron, los que lloraron en el camino y los que formaron la primera comunidad en Jerusalén también eran judíos. • Kefá (Pedro) dice a la multitud de Jerusalén: «sé que por ignorancia lo habéis hecho, como también vuestros gobernantes» (Hechos 3:17).
• Yeshua ora: «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen», según el relato de Hillel (Lucas) en 23:34.
Si un predicador cristiano recupera hoy la acusación de deicidio, no está haciendo teología nueva: está reviviendo la más vieja y la más sangrienta.
6. «El Estado de Israel es secular; no puede ser un cumplimiento profético»
La objeción. El Israel moderno lo fundaron socialistas y agnósticos. Dios no puede estar detrás de un Estado que no lo reconoce.
La respuesta. Yejezkel describe exactamente ese orden: primero el regreso físico, después la renovación espiritual. «Os traeré a vuestro país. Esparciré sobre vosotros agua limpia… Os daré corazón nuevo» (Ezequiel 36:24–26). En el valle de los huesos secos, los huesos se juntan, reciben tendones y carne, «pero no había en ellos espíritu» (Ezequiel 37:8). El espíritu viene después. Un Israel físicamente reunido y espiritualmente incompleto no contradice la profecía: es precisamente la etapa que la profecía describe.
7. «La elección de Israel autoriza a matar; apoyar a Israel es financiar un genocidio»
La objeción. Es la más grave: el sionismo convertiría la elección en licencia para matar, y las ofrendas cristianas a Israel irían a un «fondo de genocidio».
La respuesta. La elección, según la Torá y los profetas, obliga a la justicia con el extranjero y le da herencia en la tierra (Ezequiel 47:22; Levítico 19:34). La conducción de una guerra puede y debe examinarse, y los propios israelíes lo hacen en sus tribunales, en su prensa y en sus calles. Pero pasar de «este gobierno cometió errores» a «los judíos quieren matar» es exactamente el salto que el antisemitismo siempre ha dado.
Una pregunta para devolver: ¿aplica usted esa misma acusación a todos los pueblos que han librado una guerra, o solo al pueblo judío?
VI. El nuevo movimiento: lo que dicen y dónde cruzan la línea
Esta disputa no es una abstracción académica. Es real y está documentada. Su momento más visible llegó el 22 de junio de 2026, cuando el comunicador estadounidense Tucker Carlson publicó una entrevista con J. D. Hall, bloguero y expastor bautista de Montana, titulada «Orígenes del sionismo cristiano, cómo corrompió el cristianismo estadounidense y por qué finalmente se está derrumbando». Hall forma parte de un grupo de influenciadores reformados de la llamada «nueva derecha cristiana».
No me interesa juzgar a las personas. Me interesan las ideas, porque son las ideas las que llegan a nuestros jóvenes.
Lo que se dijo
Según la transcripción del episodio, Hall:
• definió el sionismo cristiano como «el establecimiento, apoyo y protección de un etnoestado judío en Palestina»;
• atribuyó el dispensacionalismo a Darby y presentó a Scofield como instrumento del sionismo político;
• afirmó que «la promesa no fue dada a los judíos» y que «cualquiera que cree en Jesús es más auténtico hijo de Abraham que cualquier judío que no cree»;
• sostuvo que el judaísmo rabínico «es una fe completamente distinta» de la del Tanaj (Antiguo Testamento);
• dijo que la Escritura culpa a los judíos de la muerte de Jesús, aunque «técnicamente» lo clavaron los romanos;
• calificó ciertas donaciones cristianas a Israel como aportes a «un fondo de genocidio».
El lector ya habrá reconocido en esta lista las siete objeciones que acabamos de responder. No hace falta que yo califique a nadie. Basta con poner esas palabras al lado de Romanos 11:28–29 y dejar que cada uno compare.
Lo que hay de válido en sus preocupaciones
Sería deshonesto no reconocer que detrás de este movimiento hay preocupaciones legítimas. Hay al menos cuatro:
1. El dispensacionalismo es reciente. Es cierto. Muchos cristianos reformados, católicos y ortodoxos nunca lo sostuvieron. Reconocerlo no cuesta nada, porque la esperanza de Sion no depende de él.
2. Ningún ciudadano debe lealtad política incondicional a un Estado extranjero. También es cierto: la amistad con Israel no es obediencia ciega a sus gobiernos, y es lo que he defendido desde el comienzo de este ensayo. «El propio Israel lo demuestra: sus tribunales enviaron a prisión a un ex primer ministro, Ehud Olmert, condenado por corrupción, y a un expresidente, Moshe Katsav. Ninguna nación que se pone por encima de la ley encarcela a sus propios gobernantes».
3. Los civiles de Gaza y los cristianos palestinos importan. Es cierto, y Ezequiel 47 lo dijo antes que ellos.
4. Yeshua es el centro de la fe, no una nación. Es cierto. Pero ese mismo Yeshua es judío, de la tribu de Judá, y la Mesorá (el Evangelio) es «al judío primeramente» (Romanos 1:16).
Dónde cruzan la línea
El problema no está en esas cuatro preocupaciones. Está en lo que construyen sobre ellas. De «no soy dispensacionalista» pasan a «la promesa no es para los judíos». De «critico a este gobierno» pasan a «los judíos quieren influencia política». De «me duelen los civiles de Gaza» pasan a «los judíos mataron a Jesús».
Cada paso parece pequeño. El destino final es la teología del desprecio.
Lo que muestran los datos
Los datos disponibles no muestran un derrumbe general del apoyo evangélico a Israel, pero sí una brecha generacional seria. Las dos cosas son ciertas a la vez, y conviene decirlas juntas.
El estudio Israel Insights 2025: Crossroads of Belief, realizado por Infinity Concepts y Grey Matter Research con una muestra de 1.008 evangélicos de Estados Unidos, encontró lo siguiente:
Evangélicos que afirman que los judíos siguen siendo el pueblo elegido de Dios (2021): 51 %.
Lo mismo en 2025: 49 %.
Evangélicos menores de 35 años que lo afirman (2025): 29 %.
No hay, por tanto, un vuelco general: el dato de 2025 es prácticamente igual al de 2021. Pero la próxima generación está en disputa. Menos de un tercio de los evangélicos jóvenes afirma la elección de Israel. Ahí es donde trabajan estas voces, y ahí es donde debemos enseñar. El 49 % también es una alarma: incluso antes de este movimiento, la mitad de los evangélicos ya no afirmaba con claridad la elección de Israel. El terreno estaba preparado.
Y una advertencia honesta: no existen, que yo sepa, datos equivalentes sobre los evangélicos hispanos de Estados Unidos ni sobre las iglesias de América Latina. No podemos trasladar sin más las cifras estadounidenses a nuestros pueblos.
No necesitamos teorías conspirativas
Circula mucho la idea de que detrás de este movimiento estarían los servicios de Irán. Es cierto que Irán realiza operaciones de influencia contra Occidente; el Departamento de Justicia de Estados Unidos lo ha documentado. Pero ninguna fuente pública establece que Teherán dirija esta controversia teológica.
Y, sobre todo, no lo necesitamos. Los argumentos de este movimiento se pueden refutar con la Escritura abierta, como hemos hecho en estas páginas. Si los atribuimos a una conspiración, le regalamos al adversario una salida fácil: discutir sobre espionaje en lugar de discutir sobre Romanos 11. Nuestra fuerza está en el texto, no en la sospecha.
Conclusión: amar a Israel con los ojos abiertos
Termino como empecé, con las tres afirmaciones.
Usted puede rechazar una escatología; yo mismo rechazo la de Scofield. Puede criticar a un gobierno; los profetas lo hicieron antes que nosotros, y los israelíes lo hacen cada semana en sus calles y en su prensa. Pero cuando alguien niega el derecho del pueblo judío a existir en su tierra, o afirma que Dios revocó su llamamiento, ya no está discutiendo política: está contradiciendo a Shaul, a Yirmeyahu y a Yejezkel.
Y a quienes aman a Israel les digo lo mismo con igual firmeza: no hagan del apoyo a Israel un dogma que prohíbe preguntar. Ese error empujó a muchos jóvenes
hacia las voces que hoy los alejan de Israel. Enseñen a sus hijos a amar a Israel con los ojos abiertos, como lo amaron los profetas: con lágrimas, con verdad y sin renunciar jamás a la promesa.
Una palabra de confianza
Nada de esto es nuevo. El salmista ya describió a quienes dicen: «Venid, y cortémoslos de ser nación, y no haya más memoria del nombre de Israel» (Salmo 83:4). Los imperios que intentaron borrar a Israel, desde el Faraón hasta Babilonia, desde Amán hasta los de nuestro tiempo, terminaron en los libros de historia. Israel sigue aquí.
Tampoco es nueva la arrogancia del gentil contra las ramas naturales. Shaul la vio venir y la corrigió con amor. Y la corrigió con una promesa: «irrevocables son los dones y el llamamiento de Dios» (Romanos 11:29).
Por eso no escribo estas páginas con miedo, sino con esperanza. Los mismos profetas que anunciaron el exilio anunciaron el regreso. Los mismos que vieron los huesos secos vieron cómo se ponían de pie. Y el mismo Dios que dispersó a Israel prometió reunirlo, renovar su corazón y hacer de él una bendición para todas las familias de la tierra. Ningún podcast, ninguna moda teológica y ningún imperio pueden revocar lo que el Eterno ha jurado.
Las modas pasan; la Palabra permanece. Y mientras el sol alumbre de día y la luna y las estrellas de noche, la descendencia de Israel no dejará de ser nación delante de Él (Jeremías 31:35–36).
«Pedid por la paz de Jerusalén; sean prosperados los que te aman» (Salmo 122:6).
Guía de lectura
Para el estudio personal o en grupo:
1. ¿Cuál de las tres afirmaciones (escatología, gobierno, derecho) ha escuchado usted mezclada con las otras en su congregación o en redes sociales?
2. Lea Romanos 2:28–29 y luego Romanos 3:1–2. ¿Qué cambia al leerlos juntos?
3. Según Romanos 11:18, ¿a quién advierte Shaul contra la arrogancia? ¿Cómo se aplica eso hoy?
4. ¿Qué nos enseña Ezequiel 47:22 sobre la manera de amar a Israel sin despreciar al extranjero?
5. ¿Puede nombrar una crítica a un gobierno israelí que sea legítima, y otra que ya haya cruzado la línea hacia el antisemitismo? ¿Qué las distingue?
6. ¿Qué le diría a un joven de su familia que le comparte un video de este movimiento?
---------------
Fuentes
El episodio y el movimiento
• The Tucker Carlson Show: «Origins of Christian Zionism…», 22 de junio de 2026. • Transcripción de la entrevista con J. D. Hall (The Singju Post). • Religion Dispatches: análisis del episodio.
Encuestas
• Religion Unplugged: «Evangelical Support For Israel Constant, But Future Shift Looms», 30 de septiembre de 2025. • Infinity Concepts y Grey Matter Research: Israel Insights 2025: Crossroads of Belief (informe completo).
Influencia extranjera
• Departamento de Justicia de EE. UU.: acusación contra tres miembros de la Guardia Revolucionaria iraní por la operación de pirateo y filtración contra la campaña de Trump, 27 de septiembre de 2024.
Textos bíblicos y litúrgicos citados
Deuteronomio 10:16; 30:6 · 2 Samuel 12:7 · 1 Reyes 18 y 21 · Salmos 83:4; 122:6; 137 · Isaías 42:6; 49:6 · Jeremías 4:4; 22:3; 31:35–36 · Ezequiel 36:24–26; 37:8; 47:21–23 · Amós 3:2 · Levítico 19:34 · Éxodo 12:49 · Matai (Mateo) 23 · Hillel (Lucas) 19:41; 23:34 · Yojanán (Juan) 10:18 · Hechos 3:17 · Romanos 1:16; 2:28–29; 3:1–2; 9:4–5; 11:1, 18, 28–29 · Gálatas 3:16, 29; 6:16 · Amidá, bendiciones 10 y 14 · Programa de Basilea (1897).
Descargue aquí el documento completo: https://5b2a90bf-5595-4116-bc61-db956f29844e.usrfiles.com/ugd/76b0f0_9f39d0823e014768aa04884874e54d11.pdf





Comentarios