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Tzniut, belleza, orden y acompañamiento

hace 2 horas
11 min de lectura

Cómo presentarnos y convivir dentro de una comunidad AniAMI


Tzniut

Cuando una mujer entra a una Esnoga, Bet Kenéset, Kehilá o Centro de Estudios de Torá, no está entrando simplemente a un salón de reuniones. Está entrando a un espacio apartado para la oración, el estudio, la vida comunitaria y el encuentro con Hashem. Por eso, nuestra manera de presentarnos y nuestra manera de comportarnos importan.


El Manual General de Funciones y Procedimientos de Alianza AniAMI establece desde sus primeros artículos que Hashem es un Eloah de orden, y que ese orden debe reflejarse en Su Kahal. También enseña que una organización al servicio del Creador necesita principios, normas, disciplina y procedimientos para poder cumplir correctamente su misión.


Ese orden no se limita a cargos y organigramas. También debe reflejarse en nuestra presentación, en nuestras palabras, en nuestra forma de recibir a quien llega y en la manera en que acompañamos el crecimiento espiritual de cada mujer.


Venimos delante de nuestro Padre y Rey

El propósito de asistir a la Esnoga es acercarnos a Hashem. Venimos a elevar nuestra tefilá, escuchar Su Torá, aprender, compartir con nuestra comunidad y presentarnos delante de Aquel a quien amamos. Cuando amamos y honramos a alguien, naturalmente procuramos presentarnos de manera digna. No porque Hashem necesite nuestra ropa, nuestros zapatos, nuestro maquillaje o nuestros adornos, sino porque nosotras expresamos también mediante nuestros actos el valor que damos a ese encuentro. Presentarnos con cuidado puede ser una expresión de kavod, de honra. Por eso, tzniut no debería enseñarse únicamente mediante una lista de prohibiciones.


No queremos comenzar diciendo: “Esto no.” “Aquello tampoco.” “Eso está prohibido.” Primero debemos comprender el principio.


Tzniut no significa apagar la belleza de la mujer.

Tzniut significa aprender a ordenar la belleza. Nuestra feminidad es valiosa. Y precisamente porque es valiosa, puede expresarse con dignidad, sabiduría y kedushá.


No confundamos santidad con descuido

Es importante corregir una idea que puede instalarse dentro de ambientes religiosos: pensar que una mujer es más espiritual mientras menos cuide su apariencia.


La humildad no significa abandono personal.

La santidad no significa descuido.


Una mujer puede amar profundamente a Hashem y cuidar su cabello. Puede vivir con tzniut y maquillarse. Puede ser espiritual y elegir un vestido hermoso. Puede usar joyas. Puede usar zapatos elegantes o sandalias. Puede cuidar su piel, sus manos y sus pies. Puede utilizar un aroma agradable. Puede presentarse limpia, femenina y hermosa. Cuidarse no hace a una mujer menos santa. La humildad tiene que ver con nuestra actitud, con nuestra manera de servir, con no considerarnos superiores y con la forma en que tratamos a los demás. No significa presentarnos descuidadas.


La Escritura reconoce la belleza exterior


La Torá no tiene miedo de hablar de belleza. Sara es descrita expresamente como una mujer hermosa.

Cuando Avraham se aproxima a Egipto, le dice:


“He aquí, ahora conozco que eres mujer de hermoso aspecto.”\ Bereshit 12:11


El relato está hablando de su apariencia. Más adelante, los egipcios también reparan en su belleza. Esto nos enseña algo importante: la Escritura no necesita negar la belleza física para reconocer la virtud de una mujer.


En el relato de Egipto, la belleza de Sara tuvo consecuencias concretas en la manera en que fue observada y en cómo Avraham fue tratado. Al mismo tiempo, esa misma belleza también produjo una situación de peligro. Por eso no convertimos este pasaje en una fórmula que diga que la belleza produce riqueza o prosperidad. La enseñanza es más profunda:


La belleza tiene influencia.


Puede atraer miradas. Puede producir admiración. Puede transformar una presencia. Puede influir en la manera en que una persona es recibida. Y precisamente porque tiene influencia, necesita sabiduría y kedushá. No destruimos aquello que es hermoso. Aprendemos a ordenarlo.


Jerusalén: limpia, vestida y adornada


En Ezequiel 16 encontramos una imagen extraordinariamente hermosa. Jerusalén aparece representada simbólicamente como una mujer. Hashem la encuentra. La limpia. La unge con aceite. La viste. La calza.

La cubre con telas hermosas. La adorna con brazaletes y collar. Coloca adornos en sus orejas. Y pone una hermosa corona sobre su cabeza. La imagen culmina describiéndola como una mujer extraordinariamente hermosa. La secuencia es significativa: Limpieza. Cuidado. Vestido. Calzado. Adorno. Belleza. Dignidad.


La imagen de Jerusalén restaurada no es la imagen de una mujer abandonada. Es una mujer cuidada, vestida y adornada. Por eso, una mujer no necesita abandonar su feminidad para acercarse a Hashem.

Puede maquillarse apropiadamente. Puede usar joyería. Puede vestir hermosamente. Puede utilizar vestido, falda o pantalón. Puede utilizar zapatos altos, bajos o sandalias. Puede cuidar sus manos y sus pies. Puede escoger un aroma agradable y moderado. Puede ser femenina. Puede ser elegante. Y puede ser recatada.


Conviene ser precisos: Ezequiel 16 menciona limpieza, aceite, vestidos, calzado, telas y adornos. No menciona específicamente maquillaje moderno ni tacones. Esos elementos son aplicaciones contemporáneas del principio de cuidado y presentación.


Ven hermosa a encontrarte con Hashem


Nos arreglamos para una boda. Nos arreglamos para una celebración. Cuidamos nuestra presentación para una reunión importante. Entonces también podemos preguntarnos: ¿Cómo quiero presentarme cuando voy a encontrarme con Hashem?


No desde la presión. Desde el amor. No desde la competencia. Desde el kavod. No para impresionar a otras mujeres. Sino porque sabemos dónde estamos entrando. Por eso queremos decirle a cada mujer:


Ven hermosa.


Ven limpia.

Ven arreglada.

Ven con tu cabello cuidado.

Cuida tu rostro.

Si quieres maquillarte, hazlo.

Usa tus accesorios.

Escoge ropa que te guste.

Cuida tus manos.

Si usas sandalias, cuida también tus pies.

Utiliza un aroma agradable y moderado.

Y, sobre todo:


Ven siendo tú misma.


No todas las mujeres tienen el mismo cuerpo.

No todas tienen la misma edad.

No todas tienen el mismo estilo.

No todas tienen los mismos recursos económicos.

La belleza tampoco significa lujo.

Una mujer puede vestir sencillamente y verse extraordinariamente cuidada.


¿Qué queremos cuidar?

Nuestro principio no será prohibir prendas simplemente por su nombre. El pantalón no debe convertirse automáticamente en sinónimo de falta de recato. Tampoco podemos juzgar una prenda únicamente porque se vea más o menos ceñida, porque el mismo corte puede verse muy diferente dependiendo del cuerpo de cada mujer. Queremos desarrollar criterio. Dentro de nuestros espacios comunitarios pedimos cuidar especialmente:


  • que el busto permanezca cubierto;

  • que no se exponga el abdomen ni el ombligo;

  • que las transparencias no revelen el cuerpo;

  • que las faldas no sean excesivamente cortas;

  • que nuestra presentación corresponda con la dignidad del lugar.


La pregunta madura no es solamente: “¿Esto está permitido?”

La pregunta es: “¿Me estoy presentando delante de Hashem con honra, belleza y decoro?”


Tzniut también es aprender a decidir


No queremos formar mujeres que necesiten preguntarle a otra persona qué pueden usar cada vez que se visten. Queremos formar mujeres con criterio. Antes de salir hacia la Esnoga puedes mirarte y preguntarte:

  • ¿Estoy limpia y arreglada?

  • ¿Esta ropa corresponde con el lugar al que voy?

  • ¿Mi busto está adecuadamente cubierto?

  • ¿Estoy mostrando el abdomen o el ombligo?

  • ¿Hay transparencias?

  • ¿La falda es demasiado corta para este espacio?

  • ¿Puedo caminar, sentarme y participar con tranquilidad?

  • ¿Mi presentación expresa honra?


Tzniut también es aprender a gobernarse a sí misma.


El cuerpo femenino no es el problema


Las mujeres tenemos cuerpos diferentes. Una misma prenda puede verse distinta en dos mujeres. Una mujer puede tener curvas más marcadas y eso no significa automáticamente que esté tratando de provocar. Por eso no queremos convertir el cuerpo femenino en un problema. No corresponde decir:


  • “Tu cuerpo provoca.”

  • “Con tu cuerpo no puedes usar eso.”

  • “Eres demasiado voluptuosa para vestir así.”


La orientación, cuando sea necesaria, debe referirse a la presentación y al principio comunitario, nunca atacar ni avergonzar el cuerpo de una mujer.

No se trata de esconder el cuerpo.

Se trata de no exhibir innecesariamente aquello que pertenece a la intimidad.


Tzniut también está en nuestra conducta


Una mujer puede estar perfectamente vestida y, al mismo tiempo, hablar durante la tefilá, divulgar asuntos privados, criticar a otra mujer o tratar con dureza a una visitante. Eso tampoco refleja tzniut.


El Manual de AniAMI enseña que los líderes deben estar al servicio de quienes necesitan consejo, consuelo o ayuda, enseñar mediante su propio ejemplo y procurar que nadie quede aislado dentro de la vida comunitaria.


Por eso tzniut también debe manifestarse en:

  • nuestras palabras;

  • nuestro tono de voz;

  • nuestra discreción;

  • nuestra manera de mirar;

  • nuestra forma de corregir;

  • nuestra capacidad de escuchar;

  • nuestro respeto por las demás;

  • y nuestra forma de conducirnos dentro de la comunidad.


Una mujer puede llevar una falda larga y, sin embargo, utilizar sus palabras para humillar a otra.

Eso tampoco es recato.


La mujer nueva no viene a ser examinada

Una mujer puede llegar por primera vez sin conocer absolutamente nada de nuestras normas.

Tal vez nunca ha entrado a una Esnoga.

Tal vez viene de otra tradición.

Tal vez desconoce nuestro funcionamiento.

Tal vez incluso ese día llegue vestida de una manera diferente a lo acostumbrado dentro de nuestra comunidad. ¿Qué hacemos?


Primero la recibimos.

El Manual establece que la recepción de personas nuevas debe realizarse bajo un protocolo que cuide tanto el orden de la comunidad como el bienestar de quien llega, procurando que su proceso dentro de AniAMI sea agradable, coherente y bien orientado. Además, establece que en ese proceso deben explicarse las normas básicas de recato.


Esto significa algo muy importante:


AniAMI no presupone que la mujer nueva ya sabe.

AniAMI enseña.

La saludamos.

La recibimos.

Le mostramos dónde sentarse.

Le explicamos qué está ocurriendo.

La acompañamos.

Y progresivamente aprende nuestra manera de vivir la comunidad.


No todas las miembros tienen autoridad para corregir


Aquí debemos mantener mucho orden. Si una mujer observa que una visitante o una miembro nueva tiene una presentación, conducta o situación que considera que debería ser orientada, no corresponde acercarse por iniciativa propia a corregirla.


No queremos cinco voces distintas dando cinco opiniones diferentes. No queremos que una visitante se sienta vigilada por las demás mujeres. No queremos tampoco que una preferencia personal sea presentada como si fuera una norma de AniAMI. Dentro de cada comunidad debe existir un canal claro.


Si observas una situación, acude a la esposa del líder de tu comunidad.

Comparte con ella tu inquietud en privado y deja que ella determine si realmente es necesario intervenir y de qué manera. En los casos en que la esposa del Moréh ha sido certificada como Moráh, el propio Manual reconoce una función pedagógica y educativa hacia mujeres y menores dentro de la comunidad.

El principio que queremos establecer es sencillo:


Observa. Informa. No confrontes.

No necesitamos conversaciones como:

“¿Viste cómo vino?”

“Eso no debería usarlo.”

“Alguien debería decirle algo.”

Ese tipo de conversaciones puede convertirse rápidamente en juicio o lashón hará.

Si existe una inquietud genuina, hay una persona responsable a quien acudir.


La esposa del líder como referencia para las mujeres

Para las mujeres de la comunidad, la esposa del líder será el primer punto de referencia en asuntos relacionados con:

  • mujeres nuevas;

  • presentación y tzniut;

  • situaciones relacionales entre mujeres;

  • dudas sobre comportamiento comunitario;

  • información o materiales que puedan afectar la formación de una mujer;

  • inquietudes relacionadas con su proceso de crecimiento dentro de AniAMI.


Eso no significa que la esposa del líder tenga que resolver personalmente todas las cuestiones halájicas.

Cuando el asunto requiera una decisión que exceda su función, deberá transmitirlo al líder de la comunidad y, cuando corresponda, al Departamento Rabínico.


Cada asunto debe llegar a la autoridad que le corresponde.

La formación espiritual también tiene un orden

Este mismo principio se aplica a la enseñanza. Una miembro de la comunidad no debe asumir por iniciativa propia la función de dar directrices halájicas a una mujer nueva. Tampoco debería enviarle enseñanzas, estudios o materiales que estén fuera de la línea de formación de AniAMI presentándolos como orientación espiritual para ella. El Manual define al Madrij o Madrijá como un líder formativo que debe guiar utilizando material oficial aprobado por la Alianza y bajo supervisión de su autoridad inmediata.


Además, la normativa de la era digital establece que las clases y procesos de enseñanza de los líderes están sujetos a herramientas y aprobación institucional, y que el pensum de estudios corresponde al Departamento Rabínico. Esto no significa impedir que las hermanas conversen sobre Torá. Significa algo distinto:


No presentamos opiniones personales como si fueran la halajá de AniAMI.

Una mujer nueva necesita una línea de formación clara. Si una hermana le dice una cosa, otra le enseña algo diferente, una tercera le envía videos de otra línea y una cuarta le presenta una práctica personal como obligatoria, podemos terminar confundiendo precisamente a la persona que estamos intentando ayudar.


¿Qué hacer si recibes información que no corresponde?

Si recibes un video, audio, estudio, enseñanza o directriz que consideras contraria a lo que estás aprendiendo dentro de AniAMI, no necesitas iniciar una discusión. Tampoco debes comenzar una cadena de mensajes preguntando a otras hermanas qué piensan.


Haz algo mucho más sencillo:


Pon al tanto a la esposa del líder de tu comunidad.

Explícale qué recibiste. Si puedes, muéstrale el material. Ella podrá orientarte o elevar la consulta a quien corresponda. Esto protege tu proceso de formación y también la unidad de la comunidad.


Lo que no corresponde hacer entre miembros

Dentro de este orden, no corresponde:

  • asumir autoridad halájica que no ha sido delegada;

  • corregir por iniciativa propia a una mujer nueva;

  • imponer prácticas personales;

  • compartir enseñanzas ajenas a la línea de AniAMI como si fueran doctrina oficial;

  • crear confusión respecto de lo que la Alianza enseña;

  • generar grupos paralelos de estudio utilizando miembros de la comunidad sin el debido orden;

  • utilizar una inquietud para crear comentarios o conversaciones alrededor de otra mujer.


El principio es:


Si observas algo que puede afectar a una mujer, no construyas un círculo de comentarios alrededor del problema.

Ve a quien tiene la responsabilidad de atenderlo.


Corregir nunca significa humillar

La esposa del líder también debe recordar algo fundamental. Tener la responsabilidad de orientar no significa tener autorización para avergonzar. Cuando sea necesario conversar con una mujer, se hará: en privado; con respeto; sin comentarios ofensivos sobre su cuerpo; sin ridiculizar su ropa; sin asumir malas intenciones; explicando el principio; y recordando que quizá simplemente no conocía nuestras normas.


Primero recibimos. Después orientamos. Privado antes que público.


Enseñar antes que avergonzar. Acompañar antes que juzgar.

La religiosidad puede hacernos olvidar el propósito

Podemos tener todas las normas externas correctas y aun perder el espíritu. Si una mujer cumple cada regla de vestimenta pero desprecia a quien todavía no la conoce, algo está mal. Si protegemos una falda pero destruimos la dignidad de una mujer, algo está mal. Si hablamos de santidad pero producimos miedo, comparación y vergüenza, debemos revisar nuestra manera de enseñar. No queremos formar mujeres preocupadas por parecer religiosas.


Queremos formar mujeres que sepan:

  • quiénes son;

  • a Quién pertenecen;

  • dónde están;

  • qué representan;

  • y cómo vivir aquello que creen.


  • La santidad no necesita fealdad.

  • La humildad no necesita descuido.

  • El recato no necesita vergüenza.

  • La belleza no necesita exhibicionismo.


Nuestra comunidad también debe ser hermosa

Si vamos a invitar a nuestras mujeres a presentarse con cuidado, nuestros lugares de reunión también deben reflejar ese mismo principio. Una Esnoga, Bet Kenéset o Centro de Estudios debería procurar:

limpieza; orden; baños cuidados; entrada organizada; materiales correctamente presentados; buena señalización; espacios agradables; buen aroma; y personas preparadas para recibir. La belleza no debe exigirse solamente a quien entra.


La comunidad también debe presentarse dignamente ante ella.

Esto está en plena consonancia con el principio general del Manual de que AniAMI debe funcionar dentro de un marco de orden, organización y disciplina.


Una guía de bienvenida en cada comunidad

Por esta razón, queremos que cada Esnoga, Bet Kenéset, Kehilá o Centro de Estudios de AniAMI pueda disponer en su entrada de una pequeña:


Guía de Bienvenida para la Mujer

No será una hoja llena de prohibiciones. Será una herramienta de orientación y bienvenida. Una manera de decir: Nos alegra que estés aquí. Queremos que conozcas nuestra casa. Queremos ayudarte a sentirte cómoda. Queremos enseñarte cómo honramos este espacio. Y queremos que descubras que puedes acercarte a Hashem siendo femenina, hermosa, cuidada y recatada.


El propio Manual contempla un proceso de integración donde la persona nueva aprende la identidad, misión, visión, objetivos, estructura y normas de AniAMI; posteriormente aprende el funcionamiento de la comunidad y finalmente sus derechos y deberes.


El folleto será una herramienta adicional para acompañar ese proceso.


Antes de salir hacia la Esnoga

Cuando estés preparándote para venir, hazlo con alegría.

Báñate y prepárate.

Cuida tu cabello.

Cuida tu rostro.

Maquíllate si así lo deseas.

Elige una ropa que te haga sentir hermosa y apropiada.

Usa tus joyas si quieres.

Cuida tus zapatos.

Si utilizas sandalias, cuida también tus pies.

Elige un aroma agradable y moderado.

Prepara tu sidur y aquello que necesites.

Y antes de salir, prepara también tu corazón.

Porque no vienes solamente a verte bonita.


Vienes a encontrarte con Hashem.

Ven hermosa.

Ven siendo tú misma.

Ven con honra.

Ven con alegría.

Ven dispuesta a aprender.

Ven sabiendo que estás entrando a una comunidad donde existe orden, pero también acompañamiento.

Porque tzniut no consiste en apagar quién eres.


Tzniut ordena la belleza. La protege. La dignifica. Y la coloca al servicio de la kedushá.

Bienvenida a la Casa de Estudio. Bienvenida a la comunidad. Bienvenida a acercarte a Hashem con belleza, honra, orden y decoro. Rabanit Yehudith Hayyim

1 comentario


Lizbet Sanchez
hace 35 minutos

Buenas noches .

Solo unas dudas, la cuestión de la cobertura del cabello, se cubre todo el cabello? Solo una parte? Solo casadas o solteras también? Gracias por su atención.

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