Yeshúa y los terremotos: ¿está gimiendo la tierra?
- AniAMI

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En pocas semanas, dos grandes sismos golpearon con fuerza la sensibilidad de nuestra región: uno de magnitud 7,5 cerca de Catia La Mar, Venezuela, el 24 de junio de 2026, y otro de magnitud 7,4 en Colombia el 10 de agosto. Mientras todavía se hablaba de sus consecuencias, el mundo observó un eclipse solar total y distintos observatorios reportaron actividad volcánica en varias regiones. Para algunos, todo es una coincidencia geológica y astronómica. Para otros, la creación parece estar diciendo algo. ¿Cómo debemos leer estos acontecimientos sin caer ni en la indiferencia ni en el alarmismo?
El tema de Yeshúa y los terremotos exige una mirada sobria. La ciencia explica los sismos mediante el movimiento de placas y fallas; los eclipses son fenómenos astronómicos predecibles, y la actividad volcánica forma parte de la dinámica natural del planeta. La fe no necesita negar estas causas. La pregunta espiritual es otra: ¿qué hizo Yeshúa con la imagen de una creación convulsionada y qué respuesta pidió de sus discípulos?
Yeshúa y los terremotos: “aún no será el final”
En Matiyahu / Mateo 24:6–8, Yeshúa habló de guerras, rumores de guerras, hambre y terremotos en diferentes lugares. Sin embargo, comenzó con una advertencia que muchas lecturas sensacionalistas omiten: “Mirad que no os alarméis… aún no será el final de esta edad”. Luego llamó a estas cosas “el principio de los dolores de parto”.
Sus palabras no convierten cada terremoto en una fecha secreta. Tampoco permiten afirmar que un eclipse reciente desencadenó un sismo: el Servicio Geológico de Estados Unidos señala que los eclipses no tienen un efecto inmediato demostrado sobre la ocurrencia de terremotos. Además, los registros de largo plazo muestran que la Tierra experimenta regularmente grandes sismos. Por tanto, la cercanía temporal entre varios fenómenos no prueba una relación causal ni permite establecer un calendario profético.
Pero la advertencia de Yeshúa tampoco invita a dormir espiritualmente. Él describe una edad que atravesará convulsiones reales y enseña a sus talmidim a reconocer su carácter: no son necesariamente el final, pero se parecen a contracciones que anuncian que la historia avanza hacia un alumbramiento.
Cuando la tierra se estremeció ante la muerte de Yeshúa
El relato de Matiyahu / Mateo 27:45–54 presenta la muerte de Yeshúa acompañada por una oscuridad densa sobre Eretz Israel. Cuando entregó su espíritu, el parojet del Bet Hamikdash fue rasgado, la tierra se sacudió y las rocas se agrietaron. El centurión y quienes custodiaban el lugar, al ver el terremoto y lo sucedido, quedaron profundamente atemorizados.
El texto une el sufrimiento del Mashíaj con una conmoción en la tierra y en los cielos. Podemos expresarlo poéticamente diciendo que la tierra reaccionó como si tuviera néfesh: no como una afirmación literal de que el planeta posee un alma humana, sino como una personificación espiritual. La creación aparece como testigo de que se estaba cumpliendo un acontecimiento decisivo dentro del propósito profético de HaShem.
La oscuridad de aquel día no debe identificarse apresuradamente con un eclipse ordinario. El relato la presenta como una señal asociada a la muerte de Yeshúa, mientras que un eclipse solar es un fenómeno astronómico calculable y de duración limitada. La fuerza del pasaje no está en fabricar una explicación científica, sino en reconocer su mensaje: la entrega del Mashíaj no fue un hecho aislado; estremeció la historia de la redención.
La creación gime y los dolores anuncian un nacimiento
La metáfora del parto es poderosa porque combina dolor, proceso y esperanza. Las contracciones pueden intensificarse y acercarse entre sí; el cuerpo entero participa hasta que llega el nacimiento. De manera semejante, los terremotos y otras convulsiones naturales pueden recordarnos la fragilidad de este mundo y que la historia todavía no ha llegado a su plenitud.
Yojanán / Juan 16:21–22 añade la otra mitad de la imagen. Yeshúa dijo que la mujer, cuando llega su hora, atraviesa aflicción; pero después del nacimiento, el gozo desplaza el recuerdo de la angustia. Él aplicó esa comparación a la tristeza de sus talmidim y a la alegría futura de volver a verlo. El dolor no es el destino definitivo. La esperanza es la simjáh que traerá la presencia del Mashíaj.
Por eso, hablar de dolores de parto no significa celebrar tragedias ni usar el sufrimiento humano como propaganda profética. Detrás de cada cifra hay familias, pérdidas, miedo y comunidades que necesitan ayuda. Una lectura fiel debe producir compasión, tefilá, apoyo material y responsabilidad, no morbo.
Terremotos, volcanes y eclipses en la actualidad
Los acontecimientos recientes merecen ser observados con atención, pero también con precisión. El USGS registró el sismo de Venezuela del 24 de junio de 2026 con magnitud 7,5 y el de Colombia del 10 de agosto con magnitud 7,4. El Programa Global de Vulcanismo Smithsonian–USGS informó actividad eruptiva nueva o continuada en diversas zonas durante la semana del 6 al 12 de agosto. NASA documentó el eclipse solar total del 12 de agosto de 2026, visible en partes de Groenlandia, Islandia, Rusia, España y Portugal.
Estos hechos son reales; lo que no podemos afirmar es que su coincidencia constituya una prueba matemática de que el fin ocurrirá inmediatamente. Yeshúa fue claro en Matiyahu / Mateo 24:36: el día y la hora exactos nadie los conoce, sino el Padre. La profecía no fue dada para alimentar cronologías obsesivas, sino para formar discípulos despiertos, fieles y capaces de perseverar.
No estamos afirmando que este sea el instante final. Estamos reconociendo que vivimos dentro de la edad descrita por Yeshúa: una historia en tensión, semejante a dolores de parto, que llama a velar sin pánico y a esperar sin pasividad.
La señal que debe aparecer dentro de nosotros
Sería incoherente mirar cada grieta de la tierra mientras ignoramos las grietas del corazón. La teshuvá comienza cuando regresamos a HaShem con hechos: corregimos una injusticia, pedimos perdón, abandonamos una práctica que enfría el amor, restauramos la oración, volvemos al estudio de la Torá y atendemos al que sufre.
El movimiento profético no se discierne únicamente observando mapas sísmicos. También se discierne preguntando si nuestra vida se mueve al compás de la voluntad de HaShem. ¿Estamos más despiertos, más compasivos y más obedientes, o solamente consumimos noticias que aumentan nuestra ansiedad?
Yeshúa no llamó a sus talmidim a paralizarse. Les dijo que no se alarmaran, que permanecieran fieles y que no se dejaran engañar. La preparación verdadera no consiste en adivinar fechas, sino en vivir hoy de tal manera que la venida del Mashíaj encuentre en nosotros emunáh, justicia, misericordia y una teshuvá sincera.
¿Y si la tierra ya lo sabe, pero nosotros todavía no despertamos?
Tal vez no podamos medir cuánto falta. Tal vez ninguna persona pueda decir con certeza cuál temblor será solo un movimiento tectónico y cuál quedará unido, en retrospectiva, a un momento decisivo de la historia. Lo que sí podemos decidir es cómo responderemos mientras la creación gime.
Cuando el Mashíaj sea plenamente manifestado, el dolor no tendrá la última palabra. La esperanza netzarita mira hacia la alegría de estar con Yeshúa, nuestro Mashíaj y Kohen conforme al orden de Malki-Tzedek. Pero esa esperanza futura nos confronta en el presente.
Si decimos que las agujas del reloj profético se están moviendo, ¿qué se está moviendo hoy dentro de nosotros? ¿Qué debemos reparar antes de pedir nuevas señales? ¿Y si el llamado más urgente no es interpretar el próximo terremoto, sino permitir que HaShem quebrante nuestra indiferencia y nos conduzca a una teshuvá genuina?
No cerremos esta reflexión con una fecha, sino con una decisión: volver, reparar, amar y permanecer despiertos. Quizá la pregunta no sea solamente cuánto tiempo falta para la venida del Mashíaj, sino cuánto tiempo seguiremos posponiendo nuestro regreso a HaShem.
Fuentes consultadas
Ahora queremos leerte a ti: ¿estos acontecimientos te han llevado al miedo o a una teshuvá más profunda? ¿Qué palabra de Yeshúa te ayuda a mantenerte despierto sin caer en alarmismo? Déjanos tu reflexión en los comentarios; tu testimonio puede ayudar a otra persona a volver a HaShem.
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