Lo que HaShem bendijo no puede ser maldecido
- AniAMI

- hace 4 horas
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Hay mujeres que han pasado por desiertos silenciosos. Desiertos donde nadie vio sus lágrimas. Desiertos donde siguieron sosteniendo una casa, una familia, una comunidad o una fe, aunque por dentro estaban cansadas.

Parashat Jukat-Balak para mujeres nos habla precisamente a ese lugar profundo del alma femenina.
En esta porción, Miriam muere, y de inmediato el pueblo queda sin agua. No es un detalle menor. La Torá nos deja ver que la presencia de una mujer justa puede ser fuente de vida, equilibrio y bendición para toda una generación.
Miriam no era solo “la hermana de Moshé”. Era una profetisa, una líder, una mujer que acompañó el proceso de redención de Israel desde Egipto hasta el desierto. Su vida nos recuerda que una mujer conectada con HaShem puede abrir caminos donde otros solo ven sequedad.
Pero Jukat también nos muestra al pueblo herido por serpientes. Y aquí aparece una enseñanza poderosa:
La sanidad comenzó cuando Israel dejó de mirar el veneno y elevó su mirada hacia la instrucción de HaShem.
Mujer, no todo lo que te hirió debe seguir gobernando tu mirada.
Hay palabras que dolieron. Hay críticas que marcaron.Hay procesos familiares, emocionales y espirituales que quizá te dejaron cansada. Pero la Torá te enseña que no fuiste llamada a vivir mirando la herida, sino a elevar la mirada hacia el propósito. Luego aparece Balak, un rey que intenta maldecir a Israel por medio de Bilam. Pero cada intento de maldición termina convertido en bendición.
Este es uno de los mensajes más hermosos para toda mujer de fe:
Cuando HaShem ha decretado propósito sobre tu vida, ninguna voz externa tiene la última palabra sobre ti. No la tiene quien te menospreció. No la tiene quien no creyó en ti. No la tiene quien habló mal de tu proceso. No la tiene quien solo vio tu desierto, pero no entendió tu llamado.
Yeshúa, como Mashíaj de Israel, vivió este principio de manera perfecta. Fue rechazado, cuestionado y acusado, pero nunca permitió que las voces de oposición definieran su misión. Él respondió desde la obediencia, desde la emuná y desde una identidad firme delante del Padre. Así también, una mujer conforme al corazón de HaShem aprende a vivir no desde la aprobación humana, sino desde la bendición divina.
Parashat Jukat-Balak nos recuerda que la mujer puede ser fuente de agua en medio del desierto, puede sanar su mirada y puede caminar segura sabiendo que ninguna maldición tiene poder sobre lo que HaShem ya bendijo.
Una Reflexión final para ti mi amada...
No eres lo que dijeron de ti; eres lo que HaShem decidió formar en ti.




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