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Parashat Pinjas y Venezuela

  • Foto del escritor: AniAMI
    AniAMI
  • hace 2 días
  • 6 min de lectura

Hay dos tipos de fe, la fe que no se queda mirando y la fe que solo observa y se esconde detrás de argumentos. ¿Cuál tipo de fe tienes tú?


Parashat Pinjas

Parashat Pinjas y Venezuela: la fe que no se queda mirando

Hay momentos en la historia donde la fe deja de ser una idea bonita y se convierte en una pregunta incómoda:


¿Vas a mirar… o vas a actuar?


Parashat Pinjas llega en un tiempo muy sensible para Venezuela. Después del fuerte terremoto que sacudió al país, muchas familias quedaron marcadas por el dolor, la incertidumbre y la necesidad urgente de ayuda. Y en medio de esa realidad, la Torá nos presenta a Pinjas, un hombre que vio una crisis delante de sus ojos y no se quedó inmóvil.


El código espiritual de Parashat Pinjas


Parashat Pinjas comienza después de una escena dolorosa en Israel. El pueblo había caído en una profunda crisis espiritual y moral. En medio de esa situación aparece Zimrí, hijo de Salu, líder de la tribu de Shimón, junto con Cozbí, hija de Zur.


No se trataba simplemente de un acto privado. Era una expresión pública de ruptura, desorden y desprecio por el pacto. El pueblo estaba siendo debilitado desde adentro.


Entonces aparece Pinjas.


Pinjas ve lo que está ocurriendo y entiende que hay momentos donde callar también es una forma de participar. Su reacción no nace del ego ni del deseo de protagonismo, sino de un celo profundo por la santidad del pacto y por la vida del pueblo.


Aquí debemos hacer una aclaratoria importante para nuestro tiempo: la acción de Pinjas pertenece a un contexto específico dentro de la Torá y no debe ser usada jamás para justificar violencia humana, fanatismo o impulsos personales. El mensaje que debemos aprender hoy no es la violencia, sino la responsabilidad.


Pinjas nos confronta con una verdad:

La fe verdadera no se queda paralizada cuando la vida del pueblo está en peligro.

Venezuela y la pregunta que nos hace la Torá


Cuando una tragedia golpea a una nación, la pregunta no es: “¿Quién tiene la culpa?”


La pregunta más profunda es:


¿Qué voy a hacer yo con la fe que digo tener?


Venezuela ha atravesado momentos muy duros, y el terremoto reciente abrió una herida más en una tierra que ya venía cargando mucho dolor. En situaciones así, las palabras son necesarias, las oraciones son necesarias, pero también lo son las acciones.


Orar no reemplaza ayudar.

Creer no reemplaza servir.

Tener emuná no significa quedarse inmóvil.


La fe bíblica nunca fue una fe pasiva. Avraham caminó. Moshé enfrentó al faraón. Miriam cantó después del mar. Yehoshúa avanzó. Los profetas hablaron. Yeshúa sanó, enseñó, alimentó, consoló y se acercó al que sufría. La fe verdadera siempre encuentra una forma de moverse.


En medio de la tragedia venezolana, vimos cómo algunos líderes y naciones comenzaron a pronunciarse y ofrecer ayuda. Entre ellos, el presidente de El Salvador, Nayib Bukele, fue el primero en anunciar su apoyo humanitario para Venezuela.


Más allá de cualquier lectura política, hay una imagen que nos sirve como enseñanza: alguien vio la devastación y entendió que no bastaba con observar desde lejos.


La frase que surge del corazón ante una crisis es simple, pero poderosa: “¡Debo hacer algo!” Esa frase conecta con el espíritu de Parashat Pinjas.


Pinjas vio una crisis y actuó. No se escondió detrás de discursos. No esperó que otro asumiera toda la carga. No convirtió la fe en una excusa para la pasividad.


Hoy, ante el dolor de Venezuela, la pregunta no es si todos podemos hacer lo mismo. La pregunta es si cada uno puede hacer algo desde el lugar donde HaShem lo ha puesto.

  • Unos podrán donar.

  • Otros podrán orar.

  • Otros podrán compartir información confiable.

  • Otros podrán acompañar emocionalmente a una familia.

  • Otros podrán organizar ayuda comunitaria.

  • Otros podrán servir desde sus recursos, contactos o capacidades.


Pero nadie debería decir: “No puedo hacer nada”, sin antes preguntarse sinceramente delante de HaShem: ¿Qué sí está en mis manos hacer?


La fe que oye y la fe que hace


El mensaje de esta parashá nos lleva a una autoevaluación profunda:

¿Qué tipo de fe tengo? ¿Una fe que solo escucha? ¿Una fe que solo se emociona? ¿Una fe que solo publica frases bonitas? ¿O una fe que se convierte en acción?


Fue escrito:

“Porque no son los oidores de la ley los justos ante Dios, sino los hacedores de la ley serán justificados.”


Y también:


“Sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos.”


Estas palabras golpean el corazón porque nos muestran que la fe no se mide solamente por lo que sabemos, sino por lo que obedecemos.


  • Una persona puede conocer mucha Torá, pero si no tiene misericordia, algo está incompleto.

  • Una persona puede hablar de emuná, pero si no se mueve ante el dolor del prójimo, debe revisar su corazón.

  • Una persona puede decir “Baruj HaShem”, pero si nunca extiende su mano, su fe necesita madurar.


La Torá no fue dada para formar espectadores espirituales. Fue dada para formar personas capaces de caminar en justicia, compasión y responsabilidad.


Pinjas: celo por el pacto, no indiferencia


Pinjas representa una clase de celo que hoy necesitamos recuperar, pero correctamente entendido.

No es celo para atacar personas. No es celo para imponer orgullo religioso. No es celo para sentirse superior a otros.


El celo verdadero es una pasión ordenada por HaShem que nos lleva a proteger la vida, la santidad, la justicia y el pacto.

En nuestro tiempo, ese celo puede verse cuando alguien defiende al vulnerable, cuando una comunidad ayuda a los necesitados, cuando una familia abre sus manos, cuando un líder no se queda en discursos y cuando un creyente entiende que servir también es una forma de adorar.


El celo de Pinjas hoy debe traducirse en acción justa, misericordiosa y responsable. Si Venezuela está herida, la pregunta para nosotros no es solo: “¿Qué pasó?” La pregunta es: ¿Dónde está mi parte en la restauración?


La conexión con Yeshúa

Yeshúa enseñó una fe profundamente activa. Él no solamente habló del amor; tocó al enfermo, alimentó al hambriento, levantó al caído, consoló al quebrantado y llamó a sus discípulos a vivir una justicia que no se quedara en palabras.


Cuando enseñó la parábola del buen samaritano, mostró precisamente esto: hubo personas que vieron al hombre herido en el camino y siguieron de largo. Pero uno se detuvo. Uno se acercó. Uno vendó sus heridas. Uno usó sus recursos. Uno se hizo responsable. Esa es la fe que Yeshúa modeló.


Una fe que se detiene. Una fe que mira al herido. Una fe que no pregunta primero cuánto le conviene ayudar. Una fe que entiende que amar al prójimo no es una teoría, sino una decisión concreta.


Yeshúa, como Mashíaj de Israel, nos revela que la obediencia al Padre se expresa en obras de justicia, compasión y verdad. No vino a formar oyentes religiosos, sino discípulos capaces de vivir la Torá con el corazón, con las manos y con los pies.


Venezuela como espejo espiritual


El dolor de Venezuela hoy se convierte en un espejo para nuestra propia alma. Nos obliga a preguntarnos:

  • ¿Mi fe se mueve cuando otros sufren?

  • ¿Mi oración produce compasión?

  • ¿Mi conocimiento de Torá me hace más sensible o más indiferente?

  • ¿Estoy dispuesto a hacer algo, aunque sea pequeño?


Porque a veces HaShem no nos pide hacer todo. Nos pide hacer nuestra parte. Y cuando cada uno hace su parte, una comunidad deja de ser solo un grupo de personas y se convierte en un canal de bendición.


Pinjas actuó en un momento crítico. Yeshúa enseñó que el amor se demuestra en el camino. Venezuela nos recuerda que la fe que no sirve, se queda incompleta.


Si quieres colocar en accion tu fe, haz clic aqui y conoce cómo puedes ayudar en este momento que miles de Neshamot (almas) en Venezuela necesiten de tu bondad.


Recuerda: La fe que HaShem honra no solo escucha la Torá: la convierte en acción.


Pregunta para la comunidad

Ante el dolor de Venezuela, ¿qué tipo de fe estás cultivando: una fe que solo escucha o una fe que también hace?


Déjanos tu respuesta en los comentarios y comparte este estudio con alguien que necesita recordar que la emuná verdadera también extiende la mano.

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