Proverbios: Fuego
- Yehoshúa Villarreal

- hace 4 días
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La lengua puede iluminar como llama sagrada o consumir como fuego descontrolado.

“Labio veraz permanecerá para siempre, mientras que solo momentáneamente estará la lengua mentirosa”. Proverbios (Mishlé) 12:19
Tal vez este proverbio es como el despertador que anuncia y nos llama cada mañana, para recordarnos que el nuevo día se ha despertado. Este Mishlé nos plantea dos circunstancias o dos eventos: uno imperecedero que no lo marchita el tiempo, y otro, sin sustento, que se esconde en los sinsabores de la ignominia. Esta máxima intemporal, parece invitarnos a cabalgar en sus alas milenarias para remontarnos y reencontrarnos con ese momento trascendental, cuando la serpiente con su lengua bífida parte la verdad, y la convierte en una mentira transgeneracional e insoslayable, donde el hombre negocia y cambia con la serpiente, su inmortalidad perpetua por una mortalidad lúgubre y dolorosa. ¡A punto de morir cuando apenas ha nacido...!
“Y dijo la mujer a la serpiente: del fruto de los árboles del jardín podemos comer; mas del fruto del árbol que está en medio del jardín, dijo Di-s, no comeréis de él, no sea que muráis. Y dijo la serpiente a la mujer: "Morir no moriréis; antes Di-s sabe que en el día que comáis de él, se os abrirán los ojos y seréis como Di-s, conocedores del bien y del mal.” Génesis (Bereshit) 3:2
Podemos ver que este versículo nos enseña que por vez primera el Eterno le habló a Adam y Java, de la muerte. Hashem le muestra a Adam los miles de hermosos árboles frutales que engalanaban y enriquecían el jardín. No existía en toda la creación, nada ni nadie que pudiera arrancarle la vida, la inmortalidad, a los nuevos habitantes - Adam y Java -, a menos que transgredieran la advertencia que del árbol del bien y del mal no lo tocaran, ni comieran de su fruto. Todos conocemos lo que aconteció y está escrito. Lashóm Hará (lengua para el mal) tiene la capacidad de activar el mundo del infierno; activarlo y vivirlo y ponerlo en consonancia contigo desde la tierra hasta conectarte con ese inframundo de maldad e iniquidad.
“La lengua es un fuego, un mundo de maldad. La lengua está puesta entre nuestros miembros, y contamina todo el cuerpo, e inflama la rueda de la creación, y ella misma es inflamada por el infierno...” Santiago 3:6
Dos puntas o dos caminos tiene la lengua bífida de la serpiente: con ella puede oler al enemigo cuando la acecha o cuando va a capturar a su presa. Su lengua percibe a través del olor, y puede determinar a qué distancia esta se encuentra. En la vida del hombre acontece esta dualidad; Lashón Hará actúa como la lengua de la serpiente: una es la lisonja con disfraz de humildad, y la otra como mentira con traje de verdad. Discursos mancomunados que llenan de bacterias, sin medida, que contaminan al oidor partiendo la verdad. Embarazan la mente de emociones y sensaciones que van sepultando el entendimiento de todo aquel que se atreve a escuchar y recibir ese cúmulo de información metastásica, que va sesgando, como veneno mortal, al cuerpo y al alma del que se hace solidario de los “dimes y diretes” para señalar y dañar con el látigo de la lengua viperina a un ser humano que, finalmente, es tu hermano... ¡Tu prójimo! ¡Así como también, hijo del Altísimo!
Curiosamente, la lengua es uno de los cinco sentidos que está “encerrada” dentro de la bóveda, o bien podríamos decir que está presa en oscura concavidad con barrotes hechos de esmalte, dentina, cemento y pulpa, los cuales impiden que esta salga. Cuando la voluntad del hablante así lo decide y le permites a tu cuerpo, al corazón y a tu alma involucrarse en esos eventos tentativos que te invitan a penetrar los inframundos del “mal-decir”, entonces, tus verbos que han estado entrenándose en las aguas existenciales e inmortales de la Palabra Eterna, enmudecen dando paso al efecto de la pócima que bebiste, por voluntad propia; copa prohibida de tu “mal-decir”.
Ahora bien, ¿cómo acontece y por qué sucede esto? Primero, tomaremos las palabras claves de los siguientes versículos:
“Y la lengua es un fuego, un mundo de maldad. La lengua está puesta entre nuestros miembros, y contamina todo el cuerpo, e inflama la rueda de la creación, y ella misma es inflamada por el infierno…” Santiago 3:6
Una de las palabras claves a las que nos referíamos está en Santiago 3:6; es la “lengua” y ella trae consigo algunos de los secretos de lo alto. Esta nos permite decodificar y clarificar parte de lo que está imbuido en este sabio versículo legado a la humanidad, al hacerle el análisis gemátrico.

La otra palabra clave es “infierno”, en hebreo Tófet y a la que también haremos el análisis gemátrico.

“Lengua” en hebreo es Lashón y su resultado gemátrico reducido es 9; y el resultado de la palabra “Infierno” o Tófet es 4. Sumamos esos resultados: 9+4=13=4
Lashóm tiene un valor gemátrico de 9. Este número guarda un poderoso secreto, ya que él, multiplicado y sumado entre sí (sin importar la cifra), el resultado siempre será 9. Los científicos lo llaman el número perfecto; sin embargo, en este caso, el número 9 nos lleva a discernir que ese número forma parte de toda la creación. Por lo tanto, Lashóm Hará contamina toda la creación porque todo fue hecho con matemáticas ecuacionales del cielo y con Lashóm HaKodesh (Lengua Santa). Dicho de otra forma, no solo contaminas al prójimo, a ti mismo y a generaciones, porque con el “mal-decir” impregnas todo lo creado.
El número 4, según nuestros sabios, es el número asignado al planeta Tierra y representa los cuatro puntos cardinales de la Tierra. El Eterno en el 4to día creó los grandes cetáceos, o lo que es lo mismo, los taniním (dragones) en hebreo, y todo el reino de los mares con sus habitantes. Recordemos que, en el tiempo del diluvio, los únicos animales que no se contaminaron fueron los peces. Curiosamente, nuestro santo Ribi, Yehoshúa HaMashiaj, cuando HaShem lo resucitó, tuvo hambre y pidió comer pescado. Los peces recibieron ese honor debido a que mantuvieron su cuerpo puro. El cuerpo glorificado de nuestro Ribi estuvo durante cuarenta días aquí en la tierra, luego de ser resucitado y posteriormente ascendido a los cielos. La lengua nos fue dada para bendecir al Eterno y no para “mal-decir” a ningún habitante de su creación. Lashón hará actúa parecida a la lengua bífida de la serpiente, ya que con ella alabas al Eterno y con ella misma hablas mal de tu prójimo. Es decir, como está escrito: “Hermanos míos, ¿puede acaso la higuera producir aceitunas o la vid higos? Así también, ninguna fuente puede dar agua salada y dulce.” Santiago 3:11-12
“El que murmura del hermano y juzga a su hermano, murmura de la ley (Mitzvot) y juzga a la ley; pero si tú juzgas a la ley, no eres hacedor de la ley, sino juez. Uno solo es el dador de la ley que puede salvar y perder; pero tú, ¿quién eres para que juzgues a otro?” Santiago 4:11-12
No dejes escapar los sonidos que envenenan el cuerpo y el alma por causa de Lashóm Hará; guarda tus decires y calla las palabras contaminadas, que dañan los cuatro vientos. Así, el silencio se vuelve un mecanismo de defensa que es honrado en los cielos y en la tierra, y este a su vez lo cuenta por sabiduría...
“Aún el necio cuando calla, le es contado por sabiduría.” Proverbios (Mishlé) 17:28
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