Terremotos y cielo rojo: ¿fenómeno natural o llamado a la teshuvá?
- AniAMI

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En los últimos días, los terremotos y cielo rojo han ocupado titulares y conversaciones en Colombia y Venezuela. A la conmoción provocada por fuertes movimientos sísmicos se sumó un video viral grabado en Galeras, Sucre, donde el firmamento apareció teñido de un rojo intenso. La escena impresionó todavía más porque ocurrió pocos días después del terremoto que estremeció a Colombia y de los sismos que habían sacudido a Venezuela.
La pregunta surgió casi de inmediato: ¿se trata solamente de un fenómeno atmosférico o podría ser también una invitación a despertar espiritualmente? Este artículo no pretende convertir una coincidencia en una profecía ni negar las explicaciones de la ciencia. Deseamos observar con prudencia, reconocer lo que sabemos y permitir que el momento nos conduzca a una reflexión seria delante de HaShem.
Terremotos y cielo rojo: lo que está confirmado
El 10 de agosto de 2026, Colombia sufrió un terremoto de magnitud 7,4, descrito por Reuters como el más fuerte registrado en el país durante este siglo. Semanas antes, Venezuela había afrontado dos terremotos de magnitudes 7,2 y 7,5. Son hechos verificables, dolorosos y cercanos que exigen compasión, ayuda responsable y oración por las personas afectadas.
Días después del sismo colombiano, medios regionales informaron sobre un cielo de intenso color rojo observado en Galeras. Las imágenes circularon ampliamente, pero la proximidad temporal entre ambos hechos no demuestra por sí sola que uno haya causado el otro.
Qué puede explicar la ciencia —y qué todavía no sabemos
Los cielos rojizos pueden aparecer cuando la luz solar atraviesa una gran cantidad de atmósfera y las longitudes de onda azules se dispersan, mientras predominan los tonos rojos y anaranjados. El polvo, la humedad, las nubes, el humo y otras partículas pueden intensificar el efecto. En muchos lugares este fenómeno se conoce como candilazo y no necesita un terremoto para producirse.
También existen reportes históricos de luces observadas antes, durante o después de algunos sismos. Sin embargo, la relación sigue siendo discutida. El Servicio Geológico de Estados Unidos advierte que los geofísicos no están de acuerdo sobre si muchos de esos casos corresponden realmente a “luces de terremoto”; algunas observaciones se explican por arcos eléctricos o fallas en redes de energía, y otras continúan bajo investigación.
Por eso, como reconoce el Servicio Geológico de Estados Unidos no es responsable afirmar que el cielo rojo del video fue provocado por minerales o gases liberados por el terremoto. Puede haber hipótesis, pero no tenemos una demostración causal para este caso concreto.
Conviene distinguir tres niveles:
Confirmado: hubo fuertes terremotos en Venezuela y Colombia, y se registró un cielo intensamente rojo en Galeras.
Posible: factores atmosféricos como la dispersión de la luz y las partículas suspendidas pueden producir colores extraordinarios.
No demostrado: que el terremoto haya causado ese cielo rojo o que el fenómeno constituya una señal profética específica.
Elul: cuando la pregunta importa más que la especulación
Nos encontramos en Elul, el mes que precede a Rosh Hashaná, llamado también Yom Teruá en la Torá. Es un tiempo tradicionalmente dedicado al examen del corazón, la reconciliación, la tefilá, la tzedaká y la teshuvá. No necesitamos declarar sobrenatural un fenómeno natural para escuchar un llamado espiritual.
La creación puede ser estudiada con rigor y, al mismo tiempo, recordarnos nuestra fragilidad y nuestra dependencia de HaShem.
Yeshúa habló de guerras, hambres y terremotos en diferentes lugares, y los comparó con el comienzo de los dolores de parto. También advirtió que nadie conoce el día ni la hora. Sus palabras no fueron entregadas para alimentar calendarios sensacionalistas, sino para formar discípulos vigilantes, fieles y preparados.
“Porque se levantará nación contra nación y reino contra reino; y habrá hambres y terremotos en diferentes lugares. Y todas estas cosas serán el comienzo de los dolores de parto”. — Matityahu/Mateo 24:7–8
En nuestro artículo anterior, “Yeshúa y los terremotos: ¿está gimiendo la tierra?”, profundizamos en esa imagen de los dolores de parto y en la necesidad de discernir estos tiempos sin caer en alarmismo.
Una señal segura: el llamado a la teshuvá
¿Fue el cielo rojo un mensaje de los cielos? No podemos afirmarlo. ¿Fue únicamente un fenómeno natural? La explicación física puede ser suficiente para describir cómo apareció el color, pero no decide qué hará nuestro corazón al contemplarlo. La ciencia estudia el mecanismo; la fe examina nuestra respuesta.
Hay algo que sí sabemos: Elul nos llama a regresar. Teshuvá no significa temor desordenado ni emoción momentánea. Significa volver a HaShem con sinceridad, reparar el daño causado, pedir perdón, abandonar el pecado y producir frutos visibles de justicia y misericordia.
Ante el sufrimiento provocado por los terremotos, esa respuesta debe incluir acciones concretas:
Elevar tefilá por las familias afectadas, los rescatistas y quienes trabajan en la reconstrucción.
Practicar tzedaká de manera transparente y responsable, ayudando según nuestras posibilidades.
Revisar nuestras relaciones, saldar deudas morales y buscar reconciliación antes de Yom Teruá.
Prepararnos espiritualmente para el regreso del Mashíaj mediante obediencia, servicio y fidelidad cotidiana.
La pregunta queda abierta
Tal vez aquel cielo rojo fue simplemente la belleza inquietante de un fenómeno atmosférico. Tal vez su cercanía con los terremotos permanecerá como una coincidencia que no podemos explicar del todo. Pero aun si la causa fuera completamente natural, ¿podríamos permitir que la imagen pase frente a nuestros ojos sin detenernos a examinar nuestra vida?
No sabemos cuánto falta ni debemos convertir cada noticia en una fecha profética. Pero vivimos tiempos de movimiento, de expectativa de juicio y de esperanza mesiánica. La cuestión no es si logramos descifrar cada señal, sino si estamos viviendo como personas que esperan al Mashíaj.
Si hoy la tierra tiembla y el cielo se enciende de rojo, ¿seguiremos mirando solamente hacia afuera, o escucharemos en Elul el llamado de HaShem a volver a Él con una teshuvá genuina?
El día y la hora nadie los conoce. Sin embargo, el momento para volver, perdonar, reparar y obedecer siempre es hoy.





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