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Diez cosas que debemos soltar antes de escuchar el shofar

  • Foto del escritor: AniAMI
    AniAMI
  • hace 3 días
  • 7 min de lectura
cosas que debemos soltar antes del shofar

El shofar puede llenar un salón con sonido sin lograr despertar un corazón. Yom Teruá no fue dado para producir una emoción religiosa de pocos minutos, sino para interrumpir nuestra rutina y preguntarnos si estamos dispuestos a volver. Por eso, antes de pensar en cuántos toques escucharemos, conviene preguntarnos qué cargas, defensas y hábitos no deberían cruzar con nosotros el umbral de este tiempo.


Estas son diez cosas que debemos soltar antes del shofar. La número diez no es la más espectacular; es la más difícil.


La lista avanza desde lo que nos distrae por fuera hasta lo que gobierna por dentro. No pretende condenarnos, sino conducirnos a una teshuvá concreta.


Antes del sonido: ¿estamos realmente escuchando?


La Torá presenta el primer día del séptimo mes como un día de reposo y de teruá, una santa convocación en la que no se realiza trabajo servil y se presenta ofrenda a HaShem (Levítico 23:23–25; Números 29:1). El texto no describe una experiencia decorativa. Teruá irrumpe, despierta y reúne.


El profeta Ezequiel relaciona el toque del shofar con la responsabilidad de escuchar una advertencia (Ezequiel 33:4–5). Escuchar, en el lenguaje bíblico, no es solamente percibir un sonido: es responder. Podemos conocer todas las explicaciones acerca del shofar y, aun así, resistir aquello a lo que nos convoca.

El shofar no es un amuleto que cambia nuestra vida por sí solo; es una llamada que nos pregunta si estamos dispuestos a cambiar.

Diez cosas que debemos soltar antes del shofar


1. El ruido que no nos deja escuchar


No todo ruido entra por los oídos. También hacen ruido la agenda saturada, las notificaciones, las discusiones repetidas y el monólogo interior que nunca se detiene. Cuando cada espacio está ocupado, la voz de la conciencia queda relegada al fondo.


Soltar el ruido significa crear un lugar real para escuchar. Antes de Yom Teruá, apartemos cada día unos minutos sin pantalla ni conversación. Leamos un pasaje de la Escritura y hagamos una pregunta sencilla:


«HaShem, ¿qué debo ver que hasta ahora he evitado?».


2. Las excusas que protegen nuestra inmovilidad


«Cuando tenga más tiempo», «cuando la otra persona cambie», «cuando me sienta preparado». Las excusas suelen sonar razonables porque nos permiten aplazar una decisión sin llamarla desobediencia. Pero la teshuvá comienza cuando dejamos de explicar por qué no podemos volver y damos el primer paso.


Proverbios 28:13 contrapone encubrir la transgresión con confesarla y abandonarla. No basta con identificar la causa de nuestra conducta; debemos asumir responsabilidad por ella. Una explicación puede ayudarnos a comprender, pero nunca debe convertirse en refugio para no cambiar.


3. El pecado que hemos normalizado


Hay conductas que dejamos de confrontar porque llevan mucho tiempo con nosotros. Las llamamos carácter, costumbre, cultura o debilidad. Sin embargo, cambiarles el nombre no cambia su fruto. La mentira pequeña, la dureza al hablar, el consumo secreto, la deshonestidad financiera o la indiferencia ante el necesitado siguen dañando el alma y al prójimo.


La teshuvá no trabaja con una culpa vaga, sino con verdad específica. En lugar de decir «he fallado en muchas cosas», nombremos una conducta concreta, reconozcamos a quién ha herido y decidamos qué acceso, hábito o ambiente debemos cortar.


4. La culpa estéril que nos mantiene escondidos


No toda tristeza produce retorno. La culpa estéril repite que somos irremediables y nos empuja a escondernos; la convicción de HaShem revela el pecado para abrir un camino de regreso. Una nos paraliza en el pasado; la otra nos mueve hacia la confesión, la reparación y una vida nueva.


El Salmo 32 describe el peso del silencio y el alivio de reconocer la transgresión. Soltar la culpa estéril no significa minimizar el mal cometido. Significa dejar de usar la vergüenza como sustituto del arrepentimiento y aceptar la responsabilidad de volver.


5. El resentimiento que hemos convertido en compañía


Algunas heridas son profundas y no deben tratarse con frases fáciles. Perdonar no es negar el daño, renunciar a límites sanos ni exponerse otra vez al abuso. Pero conservar el deseo de venganza también permite que el ofensor continúe ocupando nuestro interior.


Levítico 19:17–18 prohíbe alimentar odio y venganza. Yeshua enseñó que el perdón recibido debe producir disposición a perdonar (Mateo 6:14–15). A veces soltar el resentimiento será un proceso acompañado por consejo sabio; aun así, puede comenzar hoy con una oración: «No justificaré lo ocurrido, pero renuncio a gobernar mi vida desde esta herida».


6. La necesidad de tener siempre la razón


Podemos ganar una discusión y perder a una persona. El orgullo prefiere demostrar su punto antes que escuchar, pedir perdón o reconocer una parte de responsabilidad. Por eso Yeshua colocó la reconciliación con el hermano antes de continuar la ofrenda en el altar (Mateo 5:23–24).


Soltar la necesidad de tener la razón no exige aceptar una mentira. Exige renunciar al placer de humillar, a la última palabra y a la defensa automática. En ocasiones, la frase más espiritual que podemos pronunciar antes del shofar es: «En esto me equivoqué; perdóname».


7. La comparación que distorsiona nuestro llamado


Compararnos produce dos frutos igualmente amargos: envidia cuando creemos tener menos y orgullo cuando creemos tener más. En ambos casos dejamos de mirar la tarea que HaShem puso delante de nosotros. La vida de otro se vuelve una medida injusta para juzgar la nuestra.


El shofar reúne a una comunidad, pero llama a cada corazón por su nombre. Soltar la comparación es agradecer los dones recibidos, bendecir el bien que vemos en otros y preguntar qué fidelidad concreta se espera de nosotros hoy.


8. Las apariencias religiosas


Es posible aprender el vocabulario correcto, participar en cada convocatoria y conservar una vida interior sin rendir. Yeshua denunció una religiosidad que limpia el exterior mientras deja intactas la codicia y la injusticia del corazón (Mateo 23:25–28). El shofar no compensa una doble vida.


Antes de preocuparnos por cómo seremos vistos en la celebración, revisemos lo que nadie ve: nuestras búsquedas, conversaciones privadas, decisiones económicas y trato dentro del hogar. HaShem no nos llama a proyectar perfección, sino a caminar en integridad.


9. La postergación de la obediencia


Hay decisiones que ya comprendimos, pero seguimos aplazando: devolver lo que no nos pertenece, ordenar una deuda, terminar una relación destructiva, pedir ayuda, hablar con verdad o reconciliarnos. Santiago 4:17 recuerda la responsabilidad de quien sabe hacer lo bueno y no lo hace.


El «después» puede ser una forma cortés de decir «no». Antes de escuchar el shofar, escojamos una obediencia pendiente y pongámosle fecha, persona y acción. La preparación espiritual se vuelve real cuando entra en el calendario.


10. Nuestro derecho a seguir siendo los mismos


Esta es la renuncia más difícil. Podemos soltar actividades, objetos e incluso relaciones, mientras protegemos al yo que desea volver a HaShem sin entregar el trono del corazón. Queremos una nueva temporada sin una nueva obediencia; misericordia sin rendición; consuelo sin transformación.


La última cosa que debemos soltar somos nosotros mismos: no la identidad que HaShem nos dio, sino el yo que insiste en gobernarse, justificarse y conservar siempre una salida. Yeshua dijo que quien quisiera seguirlo debía negarse a sí mismo, tomar su madero y caminar detrás de él (Mateo 16:24). No se trata de despreciar la vida, sino de devolverle a HaShem el lugar que nunca debimos ocupar.


Tal vez por eso este punto es el más incómodo. No podemos colocarlo en una caja y continuar iguales. Nos obliga a preguntar: «Si HaShem me muestra el camino, ¿obedeceré aunque contradiga mi preferencia?». Cuando esa pregunta recibe un sí verdadero, el shofar deja de ser solamente un sonido emocionante y se convierte en anuncio de libertad.



Una práctica de teshuvá para los días previos


  • Primero, nombra. Escribe una sola cosa de esta lista que reconoces en tu vida. Evita escoger la más fácil; presta atención a la que provocó resistencia.


  • Segundo, confiesa. Habla con HaShem sin generalidades ni excusas. Di qué hiciste, qué omitiste y qué fruto produjo. La confesión sincera pone la verdad delante de la misericordia.


  • Tercero, repara. Si hubo daño a otra persona, la oración no reemplaza la restitución. Devuelve, paga, corrige, pide perdón o establece el límite necesario. No controles la respuesta ajena; sé responsable por tu parte.


  • Cuarto, suelta. Realiza una acción que dificulte volver al mismo patrón: elimina un acceso, cambia una rutina, busca acompañamiento, establece rendición de cuentas o entrega aquello que mantiene viva la conducta.

El shofar no nos pregunta cuánto sabemos sobre el arrepentimiento, sino qué estamos dispuestos a entregar para volver.

Cuando suene el shofar


Yom Teruá no es una invitación a fabricar miedo, sino a despertar. El mismo sonido que advierte también reúne; el que interrumpe también anuncia que HaShem continúa llamando a su pueblo. La teshuvá genuina no consiste en prometer una versión ideal de nosotros mismos, sino en responder hoy con verdad, humildad y obediencia.


Quizá lleguemos a la convocatoria con asuntos todavía en proceso. Eso no invalida el regreso. La pregunta decisiva es si seguimos defendiendo la carga o si ya comenzamos a entregarla. HaShem puede trabajar con un corazón quebrantado y sincero; lo que resistimos es precisamente lo que nos impide avanzar.


Cuando el shofar atraviese el aire, ¿qué encontrará en nosotros: una emoción pasajera o un corazón disponible? Y, de estas diez cosas, ¿cuál no debería seguir en nuestras manos cuando llegue el primer toque?


Preguntas frecuentes


¿Qué debemos hacer antes de escuchar el shofar?


Conviene apartar tiempo para examinar el corazón, confesar pecados concretos a Dios, reparar el daño posible, perdonar sin negar límites sanos y obedecer aquello que ya comprendimos. La preparación para Yom Teruá no es solo ceremonial; es una respuesta práctica de teshuvá.


¿Qué relación tiene el shofar con la teshuvá?


La Torá establece Yom Teruá como santa convocación y día de teruá. A lo largo de las Escrituras, el toque también despierta, reúne y advierte. Por eso se ha convertido en una imagen poderosa del llamado a volver a HaShem. El sonido no reemplaza el arrepentimiento; nos convoca a él.


¿Soltar significa olvidar o negar el daño?


No. Soltar el resentimiento no obliga a negar los hechos, eliminar consecuencias ni abandonar límites protectores. Significa renunciar a que la herida y la venganza gobiernen el corazón, mientras se busca justicia y sanidad de manera sabia.


Fuentes para profundizar


Levítico 23:23–25; Números 29:1; Levítico 19:17–18; Salmos 32:3–5; Proverbios 28:13; Ezequiel 33:4–5; Mateo 5:23–24; Mateo 6:14–15; Mateo 16:24; Mateo 23:25–28; Santiago 4:17.


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Comparte esta reflexión con alguien que se esté preparando para Yom Teruá. Tal vez una conversación sincera sea el primer paso para soltar aquello que el corazón ha cargado demasiado tiempo.

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